La purga en Vox se judicializa: Ortega Smith planta cara a Abascal
¿Qué hace un partido con un cofundador que se niega a bajar la cabeza? La respuesta de Vox ha sido contundente: suspensión de militancia y pulso judicial. Ortega Smith, histórico dirigente y portavoz en Madrid, ha desobedecido la orden de dejar su cargo y ha anunciado que recurrirá a los tribunales.
El cisma no se queda en lo orgánico. Juan García-Gallardo, exvicepresidente de Castilla y León, ha cargado contra Santiago Abascal y le acusa de recibir un “tercer sueldo” en la cuenta corriente de su mujer. Según la acusación, un proveedor del partido habría abonado 60.000 euros por servicios que nadie ha explicado. La cifra, no desmentida hasta donde llega el análisis, alimenta la percepción de que el partido atraviesa una crisis de gestión económica y de confianza interna.
Detrás del choque de egos hay dos lecturas. Una sostiene que Ortega Smith se había convertido en un lastre para la estrategia de moderación que busca el partido; la otra interpreta el movimiento como una purga para centralizar el poder en torno a Abascal, con precedentes en otros altos cargos. La respuesta del aludido no ha sido la de un político que negocia, sino la de un guerrero: “No voy a bajar la cabeza”, advirtió, mientras prepara la batalla legal.
El detalle que añade morbo al caso es familiar: la esposa de Ortega Smith figura como Senior Communications Manager para HSBC en Iberia, Israel y Sudáfrica. Un perfil que, visto desde fuera, convierte cualquier discusión sobre pagos y proveedores en un caramelo para los titulares. La pregunta que queda en el aire es cuánto costará a las arcas del partido una guerra civil dirimida en los juzgados.