Oro en caída libre: la SpaceXmanía chupa la liquidez
Hace apenas un trimestre, el oro marcaba máximos históricos. Ahora acumula un desplome cercano al 20% y el mercado busca culpables. La explicación dominante no es la inflación ni los tipos de interés, sino un mastodonte tecnológico: SpaceX. Según varios análisis, la compañía de Elon Musk está absorbiendo una cantidad masiva de liquidez —se habla de 75.000 millones de dólares en su última ronda—, dejando sin oxígeno a activos refugio como el oro. El símil que circula: un gordo saltando en una piscina; salpica y revuelve el agua, pero no la vacía. La cuestión es si el oleaje pasará o si el baño será más largo de lo previsto.
El efecto aspiradora de SpaceX
La tesis central es que la megarronda de financiación de SpaceX —valorada en 75.000 millones de dólares, según las fuentes del debate— está desviando capital de otros activos. Se argumenta que el tamaño de la operación es suficiente para deprimir la actividad inversora normal durante semanas o meses. Hay quien lo compara con un parón temporal: una vez que el dinero rote de vuelta a otros mercados, el oro podría recuperarse. Pero otros advierten que el efecto se solapará con futuras rondas de OpenAI y Anthropic, alargando la sequía. El miedo al FOMO entre los inversores minoristas —los «pececillos», en jerga del hilo— podría agravar la sangría si se lanzan a comprar en picos artificiales.
¿Iliquidez real o pánico vendedor?
Un punto de fricción recurrente es la liquidez del oro físico. Mientras unos lo tildan de activo ilíquido —con horquillas de compra-venta que rondan el 5% o más—, otros defienden que en tiendas especializadas se puede vender al contado en minutos con un diferencial del 2-3%. Un dato concreto: el 13 de junio de 2026, en Suiza, una onza se compraba a 3.563,50 CHF y se vendía a 3.326,50 CHF (un spread del 6,6%). La discusión alcanza tintes conspirativos: hay quien sostiene que los compraventas de oro son un «honeypot» que filtra datos personales. Frente a ello, la experiencia práctica de inversores que han operado en Alemania o Bélgica sin problemas.
China compra sin mirar el precio
En paralelo, emerge un contrapeso de calado: la demanda institucional de China, que este año estaría comprando más que nunca, según las fuentes. Pekín no mira el precio: acumula oro como estrategia geopolítica. Esto dibuja un suelo para el metal, aunque nadie se atreve a fijarlo. Las estimaciones sitúan el próximo soporte entre 3.200 y 2.800 dólares la onza; si se perfora ese nivel, se espera una oleada compradora de gobiernos como India o el propio gigante asiático.
¿Burbuja de deuda o cambio de paradigma?
Más allá del ruido de SpaceX, algunos analistas señalan la burbuja de deuda soberana como la verdadera amenaza. La «memocracia» —votar al que más promete— habría llevado a un gasto público insostenible. En ese escenario, la caída del oro sería solo un espejismo: lo que realmente se deprecia es el dinero fiduciario. La paradoja queda servida: mientras unos huyen del papel y compran metal, otros ven en el oro físico una trampa de iliquidez y riesgo de confiscación. "Nada de eso ha cambiado su valor; lo único que lo ha hecho son los papelitos y bits de los amos del euro", resume una de las voces más críticas.
La pregunta que queda abierta: cuando el huracán SpaceX amaine, ¿volverá el oro a brillar o el mercado habrá cambiado para siempre?