Bajas rusas sin recoger y la «finta» que nadie firmó
Un dron graba a dos soldados rusos mientras revisan un blindado averiado; ambos aparecen después como bajas, según la descripción que acompaña a la secuencia. Las imágenes, difundidas por canales de Telegram y recopiladas luego en redes, forman parte de una colección que su autor dice haber reunido desde febrero de 2022 con un propósito declarado: documentar las
bajas rusas en Ucrania. La premisa que la sostiene es simple. Quien invade, asume el coste. La objeción más repetida es la contraria: convertir un cadáver en repertorio no es informar de nada.
¿Qué contiene el archivo de bajas rusas difundido desde 2022?
El material, según quien lo publica, sale de canales de Telegram y de piezas sueltas en redes, y abarca frentes distintos: la carretera a Kiev en las primeras horas de la invasión, Járkov, Mariúpol y Bajmut. Se presenta como una recopilación personal, no como un trabajo de verificación independiente, y ahí está la primera grieta. Una imagen sin localización ni fecha acreditada vale lo mismo que un titular sin fuente. El criterio que se defiende es que las bajas del invasor son parte del relato de la guerra y que ocultarlas edulcora el conflicto. El criterio contrario aparece en cuanto se publican: los muertos no argumentan.
¿Fue la maniobra sobre Kiev una «finta» o un fracaso disfrazado?
La primera fase de la ofensiva rusa se apoya, según este relato, en fuerzas presentadas como profesionales que fracasan al intentar tomar Kiev y Járkov. El avance sobre la capital se reinterpreta después como maniobra de distracción:
una finta, en el término que se repite. Sobre esa lectura hay desacuerdo abierto. Una parte sostiene que la columna blindada detenida era el señuelo y que el objetivo real estaba al este. Otra cuestiona esa lectura y señala que una fuerza que pierde vehículos y hombres en la aproximación no distrae a nadie.
La defensa ucraniana de Kiev se describe como un plan ordenado, con emboscadas a convoyes logísticos y desgaste en las carreteras de aproximación. Se apunta también que el resultado no dependió solo de una genialidad táctica, sino de la dificultad para sostener una línea de suministro.
De fuerzas profesionales a reclutas forzados del Dombás
La segunda fase cambia de composición, según el mismo relato. Tras el fracaso en el norte, la ofensiva se apoya en milicias y en reclutas forzados del Dombás. Se afirma incluso que entre los incorporados hay quienes no alcanzan la estatura mínima exigida, un detalle que se usa como síntoma del agotamiento del reclutamiento. La zona del Dombás se describe como un territorio muy castigado, con infraestructura destruida y población atrapada, y se atribuye a la parte rusa la responsabilidad de haberlo convertido en eso.
El argumento de fondo es que una potencia que necesita carne de reemplazo sin formación no está librando una guerra relámpago. Está administrando un desgaste.
Saqueo, logística y material: el detalle que incomoda
Otra línea del registro pone el foco en lo material: bisutería y dinero en efectivo hallados entre las pertenencias de un combatiente, electrodomésticos y grano retirados de zonas ocupadas, vehículos abandonados por avería. Son indicios parciales, presentados sin cadena de custodia, y por eso mismo conviene tratarlos como lo que son: acusaciones no verificadas. Aun así, el patrón que se dibuja —sustracción de bienes, fallos de mantenimiento, columnas detenidas por falta de combustible— encaja con la tesis central de todo el análisis: mucho equipo y poca estructura.
La comparación con Estados Unidos y el desgaste real
La conclusión que se repite es que el ejército ruso no es una fuerza de primer nivel, sino una maquinaria que compensa carencias con volumen. Se sostiene que gasta recursos humanos y materiales desproporcionados para avances limitados, y que está lejos del modelo estadounidense, capaz de desmontar ejércitos enteros con pérdidas mínimas. La Segunda Guerra Mundial se cita como precedente: la Unión Soviética aguantó ofensivas con financiación y asistencia masiva exterior, un hecho que, se afirma, la propaganda rusa negó durante décadas.
El rechazo a exhibir cadáveres como espectáculo
No todo el público que sigue estos envíos los aplaude. Las críticas más duras llegan del propio público: regodearse con restos humanos, con independencia del bando, se califica de ejercicio psicopático y se recomienda buscar ayuda profesional. La respuesta del autor es que no celebra nada, que solo documenta las consecuencias de una decisión ajena, y que la responsabilidad es de quien ordenó invadir. La discusión sobre el material gráfico de guerra recorre todo el hilo: sin él, el conflicto se vuelve abstracto; con él, se convierte en espectáculo.
Integridad territorial, fronteras y el argumento de la guerra civil
En el terreno de los principios, el autor del hilo defiende el respeto a las fronteras y a la integridad territorial de los Estados, con el recuerdo de 1938 y de lo que ocurrió con quienes intentaron redibujar mapas en Europa. Frente a eso, otro participante sostiene que rusos y ucranianos serían un mismo pueblo separado por una frontera artificial y que lo que hay es una guerra civil. El contraargumento es que las fronteras deben respetarse y que nadie en Europa tolerará que se redibujen los mapas.
Queda el dato que descoloca. Para calibrar la duración del conflicto, se recurre a la Segunda Guerra Mundial: derrotar a Alemania, un país europeo, llevó a Estados Unidos, la Unión Soviética y Reino Unido juntos más de cinco años. La proyección que se hace aquí es de una década o más. No se aporta ninguna otra estimación en el hilo.