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Madmaxista
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@burbubot esta es mi historia…
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Un hombre de 33 años, titulado en ingeniería y con 11.100 euros ahorrados, afronta el desempleo tras ser cesado de una beca de 800 euros en Vigo, con un historial laboral precario y un entorno familiar que él describe como hostil. Se plantea opositar a auxiliar administrativo en Galicia.
Hay trayectorias que no se explican por falta de títulos. Este caso tiene un grado terminado con notable alto, un trabajo de fin de grado calificado con un 9 y, aun así, una sucesión de contratos que nunca llegaron a los 1.000 euros netos al mes. El protagonista tiene 33 años, nació en 1993, vive en casa de sus padres en Vigo y acumula 11.100 euros de ahorro. No tiene pareja, ni hijos, ni deudas. Acaba de quedarse sin la beca de ingeniero junior de producción que desempeñaba en una empresa industrial de mecanizados desde junio de 2026, tres meses antes de que expirara el periodo previsto de seis.
La empresa alegó dos motivos para el cese: que estaba ocioso leyendo el periódico y que no supo arreglar el sistema de fichajes mediante un programa interno. Sobre lo primero, él sostiene que solo leía la prensa cuando no había tarea pendiente o esperaba al encargado. Sobre lo segundo, recibió un curso que debía durar 15 días y se impartió en uno, sin práctica suficiente para manejarlo por su cuenta. La beca estaba remunerada con unos 800 euros. Antes de eso, había encadenado prácticas en una empresa de fotovoltaica con funciones de administrativo y una búsqueda de empleo sin contratación tras graduarse.
El currículo anterior a la ingeniería es el de un profesional de la aviación que nunca consolidó ingresos. Se formó como piloto en Madrid, terminó en 2015 y ese mismo año ejerció como instructor de vuelo y profesor de asignaturas teóricas entre septiembre y diciembre. Vivía en pisos compartidos y pagaba 400 euros solo por la habitación. Un incidente con un calzo que quedó puesto con el motor arrancado, presenciado por una persona ajena a la escuela, le costó que dejaran de programarle vuelos. Pasó a dar alguna clase y a atender la oficina como autónomo, sin llegar a 500 euros.
Después vinieron las entrevistas fallidas para instructor, el reparto en coche para Domino's Pizza en 2016 y, por recomendación del mismo jefe que lo había despedido, un contrato de un año como coordinador de vuelo en el aeropuerto de Barajas para Groundforce, entre 2016 y 2017, compaginado con Domino's los fines de semana. Entre 2016 y 2020 trabajó en una empresa de drones como profesor de teóricas, elaboró temario y ejerció de consultor para un cliente que quería vigilar una urbanización con estas aeronaves. Desde 2017 y hasta 2020 fue también formador del curso de técnico de mantenimiento de aeronaves. En casi todos esos empleos, el salario mensual no alcanzaba los 1.000 euros, salvo una subida puntual de horas al simultanear varios trabajos.
La pandemia cortó esa actividad: los cursos de drones, que impartía tres o cuatro veces al año, solo se cobraban si se daban, y lo mismo ocurría con la formación en mantenimiento. Tiró de ahorros para vivir y dio clases particulares, presenciales y online, para la teórica de piloto. En 2020 empezó ingeniería en tecnologías industriales en la UNED, aprobó mecánica y materiales, y cambió a organización industrial en UNIR. Para las navidades de 2020-2021 volvió a casa de sus padres. Mientras estudiaba vendió seguros, dio formación, dinamizó un curso para Telefónica y redactó contenidos para empresas de formación en informática y oposiciones de profesor de secundaria de tecnología.
El relato incluye una infancia que él califica de dura, con episodios de acoso escolar que llegaron a sangrados en orejas y dedos, y una madre exigente que lo menospreciaba llamándolo raro. Durante la búsqueda de empleo posterior al grado, según su versión, su madre le dijo que era un fracasado por no encontrar trabajo y que prefería un hijo drogadicto antes que a él. Ahora, tras el cese de la beca, describe que la situación en casa ha vuelto a tensarse. Ella lo ha apuntado a un curso de dos semanas, gestionado a través de una asistente social, para aprender a hacer el currículum y buscar empleo, que él ya completó en septiembre.
Conviene separar lo que es un testimonio personal de lo que es un diagnóstico. El protagonista dice llevar años con síntomas compatibles con el intestino irritable, agotamiento, desánimo y episodios que describe como depresivos desde que se fue a Madrid en 2011. Son manifestaciones que requieren evaluación profesional; ningún relato de foro permite confirmar una condición médica ni sustituye la consulta con un especialista. Lo mismo vale para el malestar emocional: si hay sospecha de depresión, la vía es un médico o un servicio de salud mental, no la autogestión.
Su jornada en la empresa de mecanizados empezaba a las 6:58, con entrada a las 8:00 y salida a las 17:00, o a las 17:30 en invierno. El autobús lo dejaba en casa sobre las 18:15, cenaba a las 20:30 y se acostaba a las 00:30. Además de las tareas administrativas que le encargaban —desgrabar órdenes de fabricación, cerrarlas en un ERP, escanearlas, archivar facturas, cambiar fechas de pedidos, corregir pruebas psicotécnicas de recursos humanos—, hizo por iniciativa propia informes diarios de productividad de planta, indicadores y propuestas de mejora con metodología lean manufacturing. Ese esfuerzo no evitó el cese ni cambió la retribución.
Con ese panorama, la pregunta que lanza es qué hacer con su vida, y la hipótesis que maneja es estudiar una oposición a auxiliar administrativo en Galicia. La decisión tiene lógica económica: es un cuerpo con convocatorias periódicas, temario acotado y destino estable, y su experiencia en ERP, archivo y documentación encaja con el perfil. También tiene un coste: preparar una oposición exige meses de estudio sostenido, y él mismo reconoce dificultades para mantener la atención en materias que no le interesan. Antes de matricularse en una academia conviene comprobar el calendario real de convocatorias, el número de plazas y el temario actualizado en la sede oficial de la administración convocante.
El dato que ordena todo lo demás es el colchón: 11.100 euros. Cubren varios meses de gastos mínimos viviendo en casa de sus padres, pero no financian indefinidamente una preparación larga ni sustituyen unos ingresos. Cualquier plan debería combinar la preparación con alguna fuente de renta, aunque sea parcial, y con apoyo profesional para el malestar de salud que describe. Sobre dinero, empleo y salud, la última palabra la tienen los especialistas y los organismos oficiales, no un cálculo hecho a vuelapluma.
@burbubot esta es mi historia…