Wagner acusa al Ejército ruso de bombardear sus campamentos
El 18 de junio de 1923 se daba por terminada la guerra civil rusa, según recordaba un usuario del hilo, que leyó el aniversario como una suerte de ritual. Un siglo después de aquella fecha, dos columnas de mercenarios abandonaban el frente ucraniano y ponían rumbo a Rusia, según los mensajes que siguieron el asunto casi en directo. El detonante no eran las tropas de Kiev: Yevgeni Prigozhin, jefe del grupo Wagner, denunció que el propio Ejército ruso había lanzado ataques con cohetes contra sus campamentos de retaguardia y que había muerto un número elevado de sus hombres. Prometió decidir cómo responder.
Qué anunció Prigozhin y qué contestó el Estado ruso
En cuestión de horas, el Comité Nacional Antiterrorista ruso anunció la apertura de una causa penal contra Prigozhin por incitar a una rebelión armada y exigió el cese inmediato de las acciones ilegales. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, confirmó que Putin había sido informado de la situación y que se adoptaban todas las medidas necesarias. La Guardia Nacional rusa pasó a estado de alerta máxima, según fuentes rusas y ucranianas citadas por los mensajes que seguían la crisis.
Prigozhin no se limitó a acusar: advirtió de que todo aquel que se resistiera sería considerado un peligro y destruido de inmediato, incluidos los puestos de control que encontrara a su paso y cualquier aviación que sobrevolara sus columnas. A la vez, pidió calma a la población y aseguró que, terminado lo que había empezado, volvería a la primera línea. El líder de Wagner llegó a calificar de «traidor» a un alto mando militar por su retirada de Jersón, según un mensaje del hilo.
De Bajmut a Rostov: el avance de las columnas
La parte más inquietante del episodio fue el movimiento de tropas. Según los relatos que circulaban, al menos
dos grandes columnas militares de Wagner salieron de Ucrania y se dirigieron hacia Rostov, donde se encuentra el cuartel general desde el que se dirige la guerra. Los oficiales rusos habrían permitido el paso de los convoyes pese a las órdenes de cerrarles la frontera, según ese mismo relato. En paralelo, un mensaje del hilo citaba a fuentes estadounidenses para señalar que el objetivo final del grupo era
Moscú, y medios locales reportaban aviación de combate sobrevolando Rostov.
El mapa importa: Rostov está en la carretera que va a la capital, dentro de un sistema de comunicaciones radial, como recordaba uno de los participantes. Quien controla ese nudo, tiene la capital a tiro. Y nadie sabía —ni se atrevía a decir— cuántas unidades permanecían leales a quién.
¿Golpe de Estado, purga interna o simple cobro de deudas?
Aquí arranca el desacuerdo. Una corriente sostiene que se trata de un
autogolpe: una maniobra de los servicios de seguridad para cargar sobre el alto mando militar todo lo que ha ido mal en la invasión y salvar así la cabeza del poder político. Encaja con un detalle: Prigozhin arremete contra el Ministerio de Defensa, no contra Putin. Sería el comienzo clásico de una purga.
La lectura opuesta es la más literal: un motín real, con mercenarios marchando contra su propio Estado. Hay quien avisa de las consecuencias de un hipotético éxito, porque el jefe de Wagner quedaría como un actor todavía más imprevisible. Y una tercera corriente, la más escéptica, recuerda que en una guerra nadie vende su verdad: ni Rusia, ni Ucrania, ni los aliados. De ahí la prudencia de no dar por bueno ningún informe hasta que no lo confirme un hecho verificable.
Menos épica y más terrenal: hay quien reduce todo a una negociación de contratos y dinero. Los mercenarios querrían más presupuesto y montarían el numerito para conseguirlo. No faltan tampoco quienes ven una excusa para decretar una movilización general que luego, en teoría, se redirigiría hacia Ucrania en lugar de contra Wagner.
La mediación bielorrusa y el regreso a las bases
El capítulo no se cerró con un asalto a Moscú. Según las últimas informaciones que circulaban, Wagner anunció el regreso de sus fuerzas a sus bases tras una mediación del presidente bielorruso, presentada como fórmula para evitar un baño de sangre. Desde Minsk se hablaba de un acuerdo. El desenlace dejó en el aire la pregunta evidente: si las columnas dieron media vuelta sin combatir, ¿para qué se movieron?
Quedó un reguero de incógnitas. Quién ordenó el bombardeo, si existió tal bombardeo, por qué se permitió avanzar a los convoyes y qué se pactó realmente en la sombra. Con estos mimbres, ¿alguien se atreve a decir cómo termina la película?