El trigo sube un 50% y el gasoil amenaza la próxima cosecha
El trigo ha subido prácticamente un 50% desde su suelo de principios de año y quien abre el hilo le ve recorrido para doblar. El detonante que señala es la imparable escalada de los carburantes, que ha desincentivado la preparación de la próxima cosecha, que debería comenzar en las próximas semanas. Con ese punto de partida se baraja un escenario de precios cercanos a los máximos de 2022, los que coincidieron con el comienzo del conflicto entre Rusia y Ucrania.
¿Por qué el gasoil decide el precio de la próxima cosecha?
Sembrar no es gratis. Antes de que el grano exista hay que pagar gasoil, simiente y fertilizantes, costes que se citan al hablar de la próxima siembra. Si preparar el terreno cuesta demasiado, parte de la superficie se queda sin sembrar y la oferta futura se estrecha. Ahí está el argumento central del que se habla: no es que falte trigo hoy, es que puede faltar mañana.
El fantasma de 2022 sobrevuela cada cálculo. Aquel ejercicio, el trigo alcanzó máximos coincidiendo con el inicio de la guerra en Ucrania, y quien lo recuerda sostiene que la probabilidad de repetir ese nivel no es pequeña. El matiz: una probabilidad alta no es una certeza, y el precio depende de decisiones que se toman en despachos muy lejanos al campo.
Futuros de trigo: cómo se apuesta sin recibir el grano en casa
La vía que se señala para posicionarse son los futuros, contratos que fijan hoy un precio para una entrega futura y que se resuelven sin recibir el grano. La duda es razonable y alguien la formuló con retranca: nadie va a descargar un camión de cereal en el portal de casa.
La corrección actual se lee, en parte del análisis, como ventana de entrada antes del tirón estacional de primavera y verano. Es la lectura estacional de uno de los participantes: el trigo tiende a subir en primavera y verano. La lógica tiene su coartada histórica, aunque también su historial de sorpresas desagradables para quien confunde estacionalidad con garantía.
Del campo al carrito: ganado, girasol y prevención de incendios
El encarecimiento golpea a quien compra cereal para alimentar ganado, no al que lo compra para especular. Hay quien avisa de que, si el trigo sube, el aceite de girasol se va al doble. Y hay quien va más lejos: si las explotaciones ganaderas dejan de ser viables, el abandono del territorio se traducirá en menos pastoreo y más incendios.
Sobre esa cadena se cruzan dos lecturas incompatibles. Una pide que cierren las explotaciones que no dan margen. Otra responde que ese cierre tendría un coste colectivo que nadie está dispuesto a pagar después, y que la gente del campo sigue ahí por inercia. De fondo, una pregunta incómoda: quién mantiene el territorio cuando la actividad que lo mantiene no da dinero.
Para quien cree en la estacionalidad, el viento sopla a favor de los alcistas y el suelo de precios ya queda lejos. Que se cumpla el guion que apunta a los máximos de 2022 es otra cosa. El gasoil manda, y el gasoil no avisa.