Amnesia climática: cuando el frío real se convierte en sesgo perceptivo
La teoría de la 'amnesia climática' llega para explicar por qué muchos perciben los inviernos como más fríos cuando los datos muestran lo contrario. El artículo de La Vanguardia (enero 2026) sostiene que la memoria humana olvida los eventos cálidos y magnifica los fríos, un fenómeno conocido como 'shifting baseline'. Sin embargo, la reacción no se ha hecho esperar: acusaciones de gaslighting institucional, escepticismo ante la fiabilidad de las series históricas y un coro de voces que recuerdan inviernos reales de su infancia.
El argumento científico: inviernos más suaves y cortos
Los datos de la AEMET y otras agencias confirman una tendencia al alza en las temperaturas invernales desde mediados del siglo XX. Las heladas persistentes y las nevadas copiosas de décadas pasadas son cada vez menos frecuentes, salvo episodios puntuales como Filomena en 2020. La 'amnesia climática' se basa en que nuestra memoria selecciona los extremos fríos recientes y olvida los inviernos templados, generando una percepción distorsionada. Quienes defienden esta postura apuntan que el 97% de los científicos climáticos activos aceptan el calentamiento antropogénico, y que las variaciones locales no invalidan la tendencia global.
La respuesta visceral: ¿gaslighting o realidad?
La crítica más recurrente al concepto es que funciona como un comodín: si hace calor, es calentamiento global; si hace frío, es que no te acuerdas de que antes era peor. 'Si hace un frío que te cagas, es que tienes amnesia climática', resumía un análisis que circuló ampliamente. Se señala que en los años 80 y 90 los inviernos eran objetivamente más crudos, con nieves frecuentes a cotas bajas. El episodio de Filomena, que colapsó Madrid en 2020, se usa como contraejemplo: aquella nevada récord no encaja con el discurso de inviernos cada vez más cálidos. Además, se denuncia que los mismos medios que ahora hablan de amnesia climática antes pronosticaban desaparición de nieves perpetuas, predicciones que no se han cumplido.
El contexto histórico: ciclos climáticos y pequeña edad de hielo
Un sector del debate sitúa el calentamiento actual dentro de los ciclos naturales del planeta. Se recuerda que durante el óptimo medieval (hace unos 900 años) las temperaturas fueron incluso superiores a las actuales, y que la pequeña edad de hielo (entre los siglos XIV y XIX) fue una anomalía fría. Si tomamos como referencia la temperatura preindustrial de 1850, realmente estábamos saliendo de ese período frío, por lo que la subida posterior es en parte una recuperación natural. También se menciona que entre 1940 y 1975 hubo un ligero descenso térmico, lo que añade complejidad al relato lineal de calentamiento.
La cuestión de la capa de ozono emerge como ejemplo de cómo las narrativas científicas pueden cambiar: el 'agujero' que alarmó en los 80 hoy se presenta como en vías de recuperación, aunque algunos dudan de que los CFC fueran la causa principal. La analogía con el cambio climático es evidente para los escépticos: las predicciones apocalípticas suelen moderarse con el tiempo, mientras se introducen nuevos términos para justificar las discrepancias.
La pregunta que queda en el aire: ¿cuánto de lo que sentimos es sesgo cognitivo y cuánto es manipulación de los datos? Mientras tanto, los termómetros de los coches siguen marcando menos de lo que algunos quisieran, y la brecha entre la realidad estadística y la experiencia individual se ensancha.
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