Perros en hospitales: 29 millones de mascotas frente a 6,26 millones de niños
En España hay 29 millones de mascotas censadas (2021) y apenas 6,26 millones de niños menores de 14 años. La noticia de que los hospitales empiezan a permitir la visita de perros –no solo de terapia, sino de las propias mascotas– ha encendido un debate que va mucho más allá de la higiene. ¿Es un avance humanizador o un síntoma de una sociedad que prioriza los animales sobre las personas?
El beneficio emocional de las visitas caninas
Varios hospitales españoles ya permiten la entrada de perros de terapia en UCIs desde 2023, y ahora extienden el permiso a las mascotas de los pacientes. La literatura médica respalda que la interacción con un animal reduce la ansiedad, la presión arterial y acelera la recuperación. En palabras del personal sanitario, el chute de energía que recibe un enfermo al ver a su perro es innegable. Los defensores argumentan que un perro bien cuidado, con vacunas y chip, no supone más riesgo infeccioso que los zapatos de los visitantes humanos.
Los riesgos higiénicos y sanitarios no se callan
La postura contraria es contundente: un hospital es un entorno estéril y un animal puede vehicular patógenos, por muy limpio que esté. La incongruencia señalada es que durante la pandemia se negaba la entrada a humanos para evitar contagios, y ahora se permite la de perros sin mayores controles. Además, hay quien teme que el espacio para niños –parques, zonas de juego– se esté reduciendo en favor de áreas para perros, reflejando un cambio de prioridades sociales.
Demografía: más perros que niños, ¿causa o consecuencia?
El dato de 29 millones de mascotas frente a 6,26 millones de niños menores de 14 años (INE) se repite como un mantra. Para unos, es la prueba de que la sociedad está sustituyendo hijos por perros –los llamados perrijos– y que eso explica la proliferación de espacios caninos. Para otros, es una simplificación: tener perro no implica no tener hijos, y la baja natalidad tiene causas económicas y sociales mucho más profundas. Lo que sí parece claro es que la tenencia de mascotas crece mientras los nacimientos se desploman.
El debate tiene aristas que van desde la fobia a los ladridos hasta la acusación de zoofilia. Pero en el fondo, lo que se dirime es qué tipo de sociedad queremos: una que integre a los animales como miembros de pleno derecho o que mantenga la frontera entre lo humano y lo animal. Con los datos sobre la mesa, la respuesta no es ni mucho menos unánime.
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