Obras maestras de la música electrónica.

Mesa de mezclas con sintetizadores analógicos, vinilos y auriculares en una habitación dedicada a la música electrónica

Kraftwerk, Luis Cobos y el canon imposible de la electrónica​

¿Tiene la música electrónica obras maestras? La pregunta lleva décadas sin cerrarse y el cuerpo a cuerpo sigue abierto. Alguien lanza una tesis maximalista —la electrónica como metamúsica, capaz de englobar a todas las demás por pura abstracción— y recibe de inmediato la objeción de manual: obra maestra son la Quinta de Beethoven o la Quinta de Sibelius, piezas que rompen la forma y dejan al oyente noqueado. Poner esa etiqueta a un tema de sintetizador, dicen los escépticos, es una licencia arriesgada.

A partir de ahí, las propuestas se suceden. Nadie ha cerrado el canon. Tratándose de un género que, según sus defensores, será siempre infinito, tampoco debería sorprender.

¿Por qué cuesta llamar obra maestra a un tema electrónico?​

Porque se mide contra un patrón que el género rompe a propósito. La corriente clásica exige estructuras que estallen, sorpresa y una carga emocional capaz de poner patas arriba al oyente. Bajo ese rasero, media electrónica queda fuera de concurso. La respuesta de los defensores es simple: el valor no está en la forma heredada, sino en el ritmo, el hipnotismo y las texturas, y en la capacidad de evocar mundos imposibles de representar de otra manera.

Ojo al matiz, porque no todos los que veneran el género aceptan el término. Hay quien lo trata como lenguaje de futuro y, aun así, se niega a colgarle la medalla de obra maestra. El vocabulario es el campo de batalla.

La tesis de la metamúsica y el futuro multisensorial​

El arranque no es tibio. Se defiende que la música electrónica es la metamúsica, la que engloba a todas las demás en cuanto a abstracción, y que por eso los estilos están quedando subordinados a ella. El argumento tiene un punto grandilocuente: está en pañales, su evolución va pegada a la tecnología y por eso será siempre un mundo por descubrir.

La parte más llamativa es la promesa. El día en que la electrónica no solo se escuche, sino que se pueda tocar, saborear y sentir físicamente, las drogas quedarán obsoletas. Es una hipótesis sin fecha, sin datos y sin forma de comprobarse hoy, pero resume bien el aura que arrastra el sector: la de estar siempre a un avance tecnológico de la siguiente revolución.

El canon que se construye a base de propuestas​

Entre tesis y tesis, el asunto se puebla de nombres concretos. Aparecen los sospechosos habituales de cualquier conversación seria sobre electrónica: Kraftwerk, citado entre las influencias de New Order; Aphex Twin, con un remix de Nine Inch Nails calificado de maravilla; Burial, descrito sin matices como canela fina; Yello y sus efectos sonoros de los ochenta; o The Age of Love, datado en 1990.

Un dato curioso que circula: según atribuyen a Liam Howlett, de The Prodigy, el primer tema compuesto íntegramente con sintetizadores lo firmó un grupo de rock. Hasta entonces, recuerda la misma intervención, quienes trasteaban con esos aparatos eran músicos clásicos como Berio. La afirmación se deja caer, sin fuente que la respalde, y ahí se queda.

Ilustración del eje que atraviesa todo: alguien cuelga un tema de rock progresivo y la respuesta es tajante. «Alucinante, pero esto no es música electrónica». La frontera del género resulta tan discutida como su propio canon.

El caso de 1995 y la obra maestra que nadie vio venir​

La intervención más singular rompe el patrón. Una sola pieza merece, para quien la propone, el título de obra maestra, y no es ni techno ni ambient. Es una pieza de 1995, con versículos en latín del Evangelio de Lucas cantados por las voces blancas de la Escolanía de San Lorenzo del Escorial, firmada por Luis Cobos. La elección deja flotando la pregunta de qué tuvo que pasar por la cabeza de su autor para llegar hasta ahí.

Que el candidato más rotundo sea justo el que rompe todos los clichés del género dice bastante de la dificultad de fijar el concepto. La nómina de propuestas sorprende por su variedad.

Del vinilo al CD que casi nadie podía oír​

La memoria nostálgica ocupa buena parte del asunto. Se recuerda cómo un tema como Pop Corn sonaba en la radio española a comienzos de los setenta, y cómo aquel sonido, más que la melodía, enganchó a más de uno. De ahí a Walter Carlos, Pink Floyd y, ya a finales de los ochenta, la New Age. Un recorrido que explica por qué varias de las piezas reivindicadas no son éxitos de masas, sino rarezas de culto.

También asoma el detalle material: bandas de synthpop que editaron CD cuando casi nadie tenía reproductor y que, según un forero, no vendieron ninguno. La anécdota, contada con dudas por quien la trae, apunta a que la electrónica llegó antes que el aparato para oírla.

Total, que un género que aspira a subordinar a todos los demás lleva décadas sin ponerse de acuerdo ni en cuál fue su primer tema. Casi parece una virtud.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Obra maestra son palabras mayores. Obras maestras son la 5ª de Beethoven o la 5ª de Sibelius. Obras que rompen las formas, impredecibles y que vuelan la cabeza del oyente.»
— n_flamel · Canon clásico frente a electrónica
«Este álbum se adelantó a su época. JMJ luego abandonó este camino más experimental en que se acerca muchísimo a Vangelis.»
— n_flamel · Disco experimental adelantado a su época
«Qué tuvo que pasar en la mente de Luis Cobos para crear semejante maravilla. Nunca sabremos.»
— AmericanSamoa · La obra maestra inesperada de 1995
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
La electrónica no admite obras maestras40%
La electrónica es la metamúsica del futuro35%
Hay piezas electrónicas indiscutibles25%
📌 DATOS
Un participante recuerda haber escuchado Pop Corn en la radio en 1973 o 1974
The Age of Love se data en 1990
La pieza señalada como única obra maestra es de 1995
Un forero sitúa la música New Age a finales de los años 80
📅 EVOLUCIÓN
1973 Pop Corn suena en la radio española y el sonido sintético entra en el imaginario colectivo
1989 La música New Age se consolida a finales de la década como puerta de entrada al género
1990 The Age of Love se convierte en referencia reivindicada del sonido de la época
1995 Aparece la pieza de Luis Cobos señalada como única obra maestra indiscutible
🔗 FUENTES
RTVE (Radio 5) ↗
Emisora citada por un programa de música instrumental
▶ VÍDEOS
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El candidato a obra maestra que rompe todos los clichés: una pieza de 1995 con versículos en latín del Evangelio de Lucas
✓El dato, sin confirmar, sobre cuál fue el primer tema compuesto íntegramente con sintetizadores
✓El listado de piezas reivindicadas como imprescindibles, de Kraftwerk a Burial, con sus años y contextos
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