El PSOE resiste a los escándalos: ni adelanto electoral ni desplome en las encuestas
La tesis de que el presidente Pedro Sánchez adelantará elecciones para cortar la hemorragia judicial se enfrenta a un dato tozudo: con 233 respuestas en un debate económico sobre el desgaste del partido, la conclusión mayoritaria es que no habrá urnas anticipadas. El coste personal de perder el control del aparato judicial y mediático es demasiado alto, y los socios de investidura no tienen incentivos para una moción de censura. Así que Sánchez se queda, mientras el auto de 87 páginas que imputa a su exjefe de gabinete, Juanma Serrano, y la investigación sobre el rescate de la aerolínea Plus Ultra salpican a José Luis Rodríguez Zapatero.
El cerco judicial se estrecha, pero no tumba al Gobierno
La imputación de Juanma Serrano, expresidente de Correos y exjefe de gabinete de Sánchez, añade un nuevo frente penal al entorno del presidente. Aunque la defensa del Gobierno insiste en que se trata de una persecución política, el auto judicial recoge indicios de presuntas comisiones en el rescate de la aerolínea Plus Ultra, en el que también aparece mencionado el expresidente Zapatero –según lo publicado–, quien habría facturado 300.000 euros por un informe. La estrategia de desgaste se completa con la imputación de Zapatero, lo que ha llevado a parte de la izquierda a alejarse del relato de inocencia inicial.
Por qué Sánchez no mueve ficha: el cálculo electoral
Convocar elecciones sería un suicidio: el PSOE viene de perder en Andalucía y las encuestas le dan un suelo de alrededor del 20%, pero no logra subir. Además, sus socios de Sumar y los independentistas no apoyarían una moción de censura porque necesitan a Sánchez para mantener sus propias cuotas de poder. La alternativa es aguantar, esperar que la maquinaria mediática convierta la corrupción en 'lawfare' y que el votante fiel no se mueva. Y hasta ahora funciona: en Andalucía, pese a la derrota, la base no se fracturó.
El voto duro, la gran incógnita
Los análisis que circulan apuntan a que el votante socialista es impermeable a los escándalos. La evidencia empírica de la comunidad lo respalda: tras décadas de casos Gürtel, ERE o los cursos de formación, el partido nunca se hundió por debajo de los 80 diputados. La pregunta es si esta vez es diferente, con el foco en la presunta corrupción del núcleo duro de Moncloa. Un sector del electorado podría buscar alternativas en la derecha, pero la fragmentación del voto conservador entre PP y Vox juega a favor del PSOE.
La predicción más aventurada que circula sitúa las elecciones el 15 de agosto de 2027, una fecha que agotaría la legislatura. Pero antes pueden pasar muchas cosas: una inhabilitación judicial, una moción de censura improbable, o que el cansancio electoral termine haciendo mella. Lo que está claro es que Sánchez no se irá por las buenas.