Pete Hegseth: tres matrimonios, siete hijos y una defensa de EE.UU.
Siete niños en una foto familiar, tres mujeres distintas y un cargo que decide sobre el arsenal nuclear de Estados Unidos. La imagen del nuevo secretario de
Defensa, Pete Hegseth, ha circulado como ejemplo de familia numerosa y como recordatorio de un historial matrimonial que, según las informaciones disponibles, incluye una relación extramatrimonial mientras seguía casado y un divorcio que se cerró cuando la hija en común ya tenía siete años. El dato que descoloca no es el número de hijos: es que tres de ellos son de su segunda esposa, tres los aporta su tercera mujer de un matrimonio anterior y solo una es hija biológica de ambos.
Quién es Pete Hegseth y cuántos hijos tiene
Hegseth se divorció de su primera esposa, Meredith Schwarz, en 2009. Al año siguiente se casó con Samantha Deering, con quien tuvo tres hijos. En agosto de 2017, mientras seguía casado con Deering, tuvo una hija con Jennifer Rauchet, productora ejecutiva de Fox. Ese mismo mes se divorció de Deering y no formalizó la relación con Rauchet hasta agosto de 2019. Rauchet aporta tres hijos pequeños de su primer matrimonio.
El resultado es una familia ensamblada de siete menores, con edades que en la fotografía parecen solaparse. De ahí la lectura más repetida:
un historial matrimonial que ni el currículum de Marco Polo, resumido en una sola imagen. La carrera profesional del secretario, en cambio, no pasa por el baloncesto universitario que algunos le atribuyeron: jugó, y lo hizo bien, pero su trayectoria pública se construyó en televisión y en el ejército.
El patrimonio de Jennifer Rauchet y la lectura económica
La tercera esposa no es una figura menor en la ecuación.
Rauchet acumula un patrimonio estimado en unos 11 millones de dólares, según los datos que se manejan. Ese detalle cambia el marco: mantener siete hijos, con tres procedencias distintas, no es un problema de recursos. Es una decisión.
La comparación que se impone es la del asalariado medio. Un padre español con siete hijos y tres relaciones fallidas no firma la misma foto. La diferencia no está en la moral, está en el colchón financiero.
Tener relaciones sexuales sin protección sabiendo que hay patrimonio detrás es una cosa; hacerlo sin red, otra. El cálculo completo de lo que cuesta criar a siete niños en Estados Unidos, desglosado partida a partida, da una cifra que sorprende incluso a quien ya la intuía.
El perfil religioso y el detalle que se les escapa a los críticos
En la foto hay dos símbolos que pasan desapercibidos: la Cruz de Jerusalén y un crisma en el hombro. Hegseth es un hombre abiertamente religioso, y ese detalle incomoda a parte del electorado que lo votó esperando otra cosa. La contradicción entre el discurso de valores cristianos y el historial matrimonial es el punto que más se ha explotado.
Hay quien sostiene que el personaje es un producto de marketing: un cristiano patriota empaquetado para un público concreto que, al llegar a casa, resulta ser otra cosa. La acusación es dura y no está probada. Lo que sí está documentado es el desfase entre la imagen pública y los hechos verificables de su biografía privada.
La genética noruega y el relato del alfa
Los apellidos de sus ancestros —Deraas, Haugen, Frowyn, Greseth— sitúan su genética en un 96% noruega. Ese dato ha alimentado un relato de
alfa preñador que circula con más gracia que rigor: dos metros de estatura, físico imponente y una capacidad reproductiva que algunos presentan como virtud política. La conexión con la quinta división de las Waffen SS es una broma de mal gusto, no un argumento.
Lo relevante es otra cosa: si el criterio para dirigir el Pentágono fuera la capacidad de gestionar una familia numerosa, Hegseth tendría el puesto ganado. Si el criterio es la coherencia entre discurso y conducta, el expediente es más discutible. Y si el criterio es la preparación para evitar una confrontación nuclear con China o Rusia, el debate se vuelve serio de verdad.
Queda la pregunta que nadie ha respondido con datos: qué pasa con los hijos no reconocidos, si existen, y cómo se compatibiliza un cargo que exige discreción absoluta con un historial sentimental que genera titulares cada seis meses. La foto es bonita. El expediente, menos.