PayPal se lanza a la financiación y desafía a la banca tradicional
¿Qué pasa cuando una plataforma de pagos con 430 millones de usuarios decide que ya no quiere ser solo un intermediario? Que se convierte en la pesadilla de los bancos. Eso es exactamente lo que está ocurriendo con PayPal, que ha ampliado su oferta de financiación en compras de los clásicos tres plazos a periodos de 6, 9 y 12 meses, y además ha comenzado a ofrecer líneas de crédito a empresas para su capital circulante. La jugada es clara: la compañía quiere dejar de ser una simple pasarela de pago para convertirse en un actor financiero de pleno derecho.
Una bancarización que huele a oportunidad
La estrategia no es casual. En un contexto donde el consumo se ha enfriado y las familias buscan fórmulas para estirar sus presupuestos, ofrecer financiación a 12 meses es un imán para el consumidor medio. Hay quien la ve como una suerte de «Cofidis digital»: una entidad que presta dinero con facilidad y que, en tiempos de estrechez, tiene terreno abonado. Pero también hay quien recuerda que el endeudamiento fácil ha arruinado a muchos hogares. La pregunta es si PayPal está dispuesta a asumir el riesgo de crédito que tradicionalmente han gestionado los bancos, o si simplemente está buscando un nuevo filón de ingresos.
La respuesta, a la vista de los movimientos bursátiles, parece ser la primera. La acción ha pasado de languidecer en mínimos a consolidar en torno a los 62 dólares, con subidas lentas pero sostenidas. Y no es para menos: el mercado ha empezado a valorar que PayPal ya no compite solo con Stripe o con Bizum, sino con la banca tradicional. De hecho, en algunos entornos laborales ya se da financiación a clientes exclusivamente a través de PayPal, dejando de lado a entidades como Caixa o Santander, consideradas un atraso en agilidad y digitalización.
El efecto OPA: de la euforia a la decepción
La historia reciente de PayPal en bolsa ha sido un carrusel de emociones. Primero, los rumores de una opa por parte de un consorcio liderado por Advent y Stripe dispararon la cotización. Después, la noticia de que ambos abandonaban la operación, valorada en 50.000 millones de dólares, provocó una caída del 14% fuera de mercado. Y ahora, con la acción recuperando terreno, vuelven a sonar rumores de compra, aunque sin nombre claro. El mercado vive instalado en la especulación, y PayPal se ha convertido en el epicentro de todas las quinielas.
Hay quien sostiene que la opa era una operación de «derribo», con un precio inicial demasiado bajo para el valor real de la compañía. Otros, más escépticos, recuerdan que el papel que entró en la operación debe salir, y que la acción podría volver a niveles de 42 dólares antes de estabilizarse. Mientras tanto, los inversores particulares se frotan las manos: los que compraron en junio a 35-39 euros están disfrutando de una revalorización considerable, y los que esperaban una caída más profunda para entrar, miran con envidia.
El valor intrínseco frente al ruido del mercado
La discusión de fondo es la de siempre: ¿cuánto vale PayPal? Hay quien defiende que el valor intrínseco de la compañía se puede calcular con una simple «cuenta de la vieja», comparando el EV histórico con los flujos de caja. Y hay quien prefiere no complicarse: si la acción cae, se compra; si sube, se vende. La realidad es que PayPal tiene un activo que ninguna fintech puede igualar: 430 millones de usuarios. Revolut tiene 70 millones y Wise, 19. Si la compañía le da un buen giro a su gestión, puede comerse a varios neobancos sin despeinarse.
El problema es que la gestión es precisamente el punto débil. La compañía ha sido criticada por su deriva hacia políticas woke y autoritarias, que le han costado el boicot de una parte de su base de usuarios en Estados Unidos. El daño reputacional, como se ha visto en otras marcas, no se recupera fácilmente. Y en Europa, la competencia de Bizum, que permite pagos instantáneos sin necesidad de dar datos bancarios, le está comiendo terreno en el segmento de pagos entre particulares.
¿Y el usuario? El eterno debate sobre el endeudamiento
Mientras los inversores discuten sobre valoraciones y opas, hay una realidad incómoda: la financiación al consumo está creciendo, y PayPal es uno de los principales impulsores. Hay quien cuenta que en su negocio de suscripciones, muchos clientes pagan con PayPal precisamente para financiar en tres plazos pagos de 70 euros. Una cantidad ridícula, pero que demuestra que el aplazamiento se ha convertido en un hábito de consumo. Y hay quien va más allá: si puedes aplazar un pago de 2.000 euros y meter ese dinero en una cuenta remunerada, el dinero gratis no se desprecia.
La paradoja es que el endeudamiento fácil, que algunos consideran una trampa para los más vulnerables, es también el motor de estas empresas. Sin irresponsables, no habría negocio. Y mientras tanto, la educación financiera sigue siendo la gran ausente. En Estados Unidos, desde los años 50, se enseñaba economía doméstica en las escuelas. Hoy, eso no se enseña ni de coña, porque no interesa. El dinero es libertad, pero interesa que no se sepa.
Así que ahí lo tienen: PayPal quiere ser un banco, el mercado no sabe si comprarla o venderla, y los consumidores siguen financiando sus compras a 12 meses sin pensar en el coste. La próxima vez que alguien se pregunte por qué la banca tradicional está en crisis, que mire a su cartera. Quizás la respuesta esté en el último pago aplazado que hizo con PayPal.