La Mareta blindada: el mar se cierra por la playa del presidente
¿Hasta dónde llega el perímetro de seguridad de un presidente en vacaciones? La respuesta, al menos en Lanzarote, es: hasta el horizonte. El Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana ha informado a Salvamento Marítimo de la exclusión temporal de la navegación en el entorno de Costa Teguise desde el 1 de agosto hasta el 24 o 31 de agosto, según se mire, por la estancia vacacional de Pedro Sánchez en la residencia de La Mareta. Los radioavisos no acaban de cuadrar, pero el mensaje es nítido: barcos, fuera.
El mar, territorio vedado
La Capitanía Marítima de Las Palmas ha establecido una zona de exclusión que afecta a pescadores y navegantes de la zona. La justificación oficial es la seguridad en el espacio marítimo, un eufemismo manejable. Mientras tanto, en Ceuta la crisis migratoria se recrudece y la comparación se dispara: hay quien recuerda que los ciudadanos que llegan en patera no reciben precisamente escolta marítima. El contraste entre la protección de una playa privada de un cargo público y la desprotección de las costas en alerta migratoria es, como mínimo, incómodo.
Precedentes y privilegios
Las referencias históricas no se hicieron esperar. La comparación con el régimen de Franco aparece de inmediato, aunque los defensores del protocolo recuerdan que la seguridad presidencial siempre genera restricciones. El problema no es que se proteja a un jefe de Estado; es que se haga con la naturalidad de quien supone que su descanso vale más que el trabajo de los demás. Y los precedentes de este Gobierno, como la propia Capitanía reconoce, no son precisamente leves.
Con las fechas contradictorias y el alcance marcado por el Ministerio, el cierre del mar frente a La Mareta pasará sin grandes sobresaltos. Pero la imagen de un presidente que necesita un mar vacío para disfrutar de la espuma no necesita comentario. La ironía, como el agua, acaba encontrando su nivel.