X exigirá verificación facial a usuarios europeos y el plan va más allá
¿Qué pasa con el anonimato en redes sociales? Una nueva aplicación de verificación de identidad llegará después del verano, y algunos ya la están probando. Twitter X exige desde hace semanas a ciertos usuarios europeos que se sometan a verificación facial o dactilar para seguir usando la plataforma. El argumento oficial es la protección de los menores y la lucha contra las cuentas falsas, pero el escepticismo es enorme.
El precedente de X: verificación obligatoria para ver contenido
Desde hace aproximadamente una semana, X ha comenzado a restringir la visualización de ciertos contenidos a usuarios no registrados o no verificados, dependiendo del dispositivo y la forma de conexión. La medida ha sido criticada como un paso más hacia la eliminación del anonimato. Algunos usuarios denuncian que, bajo la excusa de proteger a los niños, se está imponiendo un control que recuerda a la vigilancia masiva descrita en «1984». El escepticismo se refuerza con casos como el de Koldo, donde se ha visto la capacidad del Estado para inmiscuirse en la intimidad de los ciudadanos.
El temor a un control sistémico: del móvil al sistema operativo
El verdadero problema, según algunos análisis, no es que las redes sociales implanten la verificación, sino que este es el primer paso para extenderla a nivel de sistema operativo. El plan sería que, una vez normalizada la identificación biométrica en las aplicaciones, se acabe exigiendo a nivel de todo el dispositivo. Esto supondría el fin definitivo del anonimato en internet. Mientras tanto, hay quien ya ha encontrado una solución: nunca proporcionar datos reales. Desde Linkedin hasta las redes sociales, usar nombres falsos y cuentas sin verificar es una práctica habitual para quienes quieren preservar su privacidad. Incluso se han compartido métodos para evitar la verificación, como buscar empleo directamente en las webs de las empresas sin pasar por los portales de empleo.
Al final, el «pajaporte» —como algunos llaman irónicamente a la futura identificación biométrica obligatoria— se acerca. La pregunta es hasta dónde llegará.