Núcleo Nacional se registra como partido: ¿nueva ultraderecha o cortina de humo?
A menos de un año de las elecciones generales, el colectivo Núcleo Nacional ha dado el paso de inscribirse como formación política. Hasta ahora conocido por sus acciones callejeras y una estética que combina el gimnasio con la paramilitarización, el grupo busca ahora canalizar el descontento juvenil con un discurso identitario duro. Pero su aparición levanta tantas sospechas como expectativas.
Un discurso que no es nuevo
Núcleo Nacional no inventa nada: habla abiertamente de "sustitución étnica", de rechazo a la inmigración y de defensa de la "raza blanca", conceptos que ya forman parte del arsenal de formaciones como Democracia Nacional o España2000. Sin embargo, opta por una imagen más moderna, alejada del uniforme clásico. Algunos analistas señalan que su público objetivo no es el votante tradicional de Vox, sino el joven de barrio obrero que se siente desplazado en su propio país. No hay trajes ni corbatas: su vestimenta es la ropa de calle, la del gimnasio y la pandilla.
Las sombras del origen
Lo más llamativo del debate es la desconfianza hacia sus verdaderos impulsores. Se les vincula con el mundo de la seguridad privada –tienen un local en la madrileña calle Francisco Silvela– y se especula con una posible conexión con el CNI o con la policía. La expresión "disidencia controlada" aparece repetidamente, alimentando la tesis de que Núcleo Nacional podría ser un intento de canalizar el malestar juvenil para evitar que derive en movimientos realmente ingobernables. La presencia de figuras como Miguel Frontera, activista vinculado a la ultraderecha más dura, no hace sino reforzar las dudas.
¿Voto real o ruido mediático?
Por ahora, el partido no ha presentado su programa electoral –aunque anunció que lo haría en los días siguientes– y apenas tiene presencia institucional. Su capacidad para arañar votos a Vox o incluso al Frente Obrero es incierta. Pero lo que está claro es que el fenómeno refleja una radicalización de una parte de la juventud española, aquella que ni estudia ni trabaja y busca un chivo expiatorio. Núcleo Nacional se presenta como la banda que les da identidad.
Con los comicios a la vuelta de la esquina, el nuevo partido tiene poco tiempo para demostrar si es algo más que un globo sonda. De momento, el dato que descoloca es que, pese al ruido, nadie sabe cuántos militantes reales tiene. La cuenta atrás ha empezado.