De la guerra de Ucrania al euro digital: el guion del gran reset
La secuencia es perfecta sobre el papel: una oleada turística, sanciones, crisis energética, una cumbre del G20, una Agenda 2030 y un aluvión de monedas digitales. Quien haya seguido la actualidad con una libreta entre 2022 y 2026 habrá encontrado demasiadas coincidencias como para no preguntarse si hay un guion. La tesis que gana terreno no es que exista un comité secreto, sino que la concatenación de crisis actúa como palanca para un nuevo modelo económico y social. El acrónimo NOM —Nuevo Orden Mundial— ha dejado de ser patrimonio exclusivo de los márgenes.
La guerra como catalizador: el primer acto del reset
El 24 de febrero de 2022, Rusia invadió Ucrania. En cuestión de días, Pilingui ordenó poner la disuasión nuclear en alerta máxima, la OTAN movilizó 40.000 efectivos y Europa descubrió que su dependencia del gas ruso era una soga. El barril de Brent llegó a 113 euros. En medio del estruendo, un expresidente español, José María Aznar, pidió “aprovechar la guerra para liderar el nuevo orden mundial”. No era un anónimo de internet: era la élite política verbalizando lo que otros solo insinúan.
La sanciones a Rusia, la desconexión parcial de SWIFT y la carrera por encontrar gas alternativo convirtieron la guerra en el acelerador de medidas que en tiempos normales habrían costado años negociar. La narrativa del shock, en la que una crisis externa justifica decisiones internas de gran calado, apareció una y otra vez en los análisis de este periodo.
La Agenda 2030, la coartada perfecta
La sostenibilidad se ha convertido en el paraguas bajo el que cabe todo. La Agenda 2030, con sus 17 objetivos, es oficialmente un plan para conseguir un futuro mejor. Pero no todos lo ven así. El obispo de Santander la calificó de “trampa” y avisó de un “cambio de civilización” que alterará las creencias de las personas. En España, Pedro Sánchez la ha convertido en eje de su acción de gobierno: pacto de Estado contra la emergencia climática, refugios climáticos, confinamientos por incendios y una red de ciudades de 15 minutos.
Los grandes incendios de los últimos años —con más de 10.000 evacuados en municipios de Madrid y Ávila— dieron la excusa perfecta para declarar emergencias y desplegar nuevos mecanismos de control del espacio público. La pregunta incómoda es si se combate el fuego o se gestiona el pánico.
Del efectivo al euro digital: la moneda deja de ser anónima
China ya tiene el yuan digital. El BCE acelera el euro digital. El acceso a patrones de gasto y límites de tenencia está sobre la mesa. Los defensores hablan de eficiencia y lucha contra el embeleco; los críticos, de una “moneda espía” que permite apagar el consumo cuando convenga. La desconexión entre la élite y el resto no es nueva: mientras se anunciaba la desaparición del efectivo, los ricos compraban oro. Como resume un análisis: el problema no es lo que dicen, sino lo que hacen.
El proyecto Worldcoin, que ofrece criptomonedas a cambio del escaneo del iris, representa la deriva biométrica que acompaña a la digitalización monetaria. Para sus impulsores, es identidad segura; para sus críticos, un ensayo general de control social.
La inteligencia artificial: el sustancia ilegal de Troya laboral
La IA ya no es una promesa: es un ERE. Amazon planea despedir a 1.200 trabajadores de oficinas en Madrid y Barcelona. China entrena robots humanoides para cubrir los 700 millones de puestos de trabajo que dice haber perdido. Y un estudio académico de 2026 alerta de la “trampa de los despidos por IA”: automatizar todos los procesos acaba destruyendo el consumo, es decir, el propio mercado. Mientras, el “padre de la IA”, Geoffrey Hinton, confiesa que creó un monstruo. La tecnología avanza más rápido que el contracto social.
La industria militar también está en ello. La empresa Foundation planea fabricar 10.000 robots soldado para 2026, operados remotamente por humanos. El futuro de la guerra, dicen, se parece cada vez más a un videojuego. La diferencia es que los avatares mueren de verdad.
Deuda, aranceles y el fantasma de la recesión
Estados Unidos roza los 40 billones de dólares de deuda pública. La guerra arancelaria de Trump elevó la tensión con China hasta el 84% de aranceles cruzados. El CEO de BlackRock, Larry Fink, avisó de una posible caída adicional del 20% en los mercados. Goldman Sachs publicó un informe según el cual el riesgo geopolítico actual supera al de la crisis de los misiles de Cuba de 1962. El VIX llegó a superar los 45 puntos. La gran depresión vuelve a ser un escenario que se menciona en los informes, no solo en las novelas.
Cuando el capitán del barco dice que el iceberg es decorativo, conviene mirar por la ventana. Los mercados asiáticos ya han dado muestras de pánico: el Nikkei cayó más de 1.300 puntos en una sola jornada, y el bono japonés a 10 años marcó máximos desde 1996.
El transhumanismo: la fusión final
El último escalón del reset es el ser humano. El millonario Bryan Johnson gasta dos millones de dólares al año en alargar su vida. Demis Hassabis, jefe de IA de Google, sitúa la llegada de una inteligencia superior a la humana antes de que acabe la década. Y los robots soldado ya se prueban para el campo de batalla. En este escenario, la identidad digital y la biometría no son un trámite: son la puerta de entrada a un modelo donde el individuo deja de ser un fin y pasa a ser un nodo.
La fusión de la biología con la tecnología ya no es ciencia ficción. Hay quien lo llama evolución; hay quien lo ve como el borrador de una humanidad hackeable.
Lo que el guion no explica
La observación final de este seguimiento es casi cómica. Si existe un plan maestro, está ejecutado con una torpeza pasmosa: los mismos que anuncian el apocalipsis climático vuelan en jets privados; los que predican la austeridad se llenan los bolsillos con deuda pública. Hay quien sostiene que el desorden es parte del plan; hay quien cree que, simplemente, no hay plan y que las crisis se aprovechan para avanzar piezas. Los dos casos conducen al mismo lugar: la concentración de poder en menos manos.
La pregunta no es si el reset existe. Es si llegaremos a tiempo de distinguirlo de una crisis a la que alguien le ha puesto título. Los próximos meses decidirán si era un guion o una improvisación con efectos secundarios. Mientras tanto, el efectivo se retira, los robots se entrenan y el euro digital espera en la puerta.