El cisma del 11-M: dos expertos, dos relatos y un choque de egos
Afirmación tajante: el revisionismo del 11-M se ha fracturado en dos corrientes irreconciliables, personificadas en Rubén Gisbert y el académico Farrerons, cuyas tesis sobre el atentado chocan no solo en los hechos sino en la forma de exponerlos. El primero, autor de investigaciones sobre la trama de la CIA y Gladio; el segundo, defensor de una teoría que vincula el atentado con el judeocristianismo liberal de derechas y la ideología A, según sus propias categorías.
El debate, que ha trascendido a plataformas como NostraTV, revela una dinámica donde la autoridad académica y la presunción de veracidad se convierten en armas arrojadizas. Farrerons, según sus críticos, “hackea la falacia de autoridad” al presentar una tesis doctoral que se erige como verdad irrefutable. Gisbert, por su parte, es acusado de pertenecer a la “ideología B” y de no subordinarse al “mayor experto del país”, un calificativo que sus adversarios consideran exagerado.
La pelea de egos que oculta el fondo
Más allá de las teorías, lo que emerge es una pugna narcisista. Un análisis crítico sostiene que el “ego” es un concepto moderno mal aplicado, y que lo que realmente se dirime es el orgullo y la necesidad de ser reconocido como la voz autorizada. La acusación de “reinas” y “flipados” que adoctrinan a sus seguidores no es anecdótica: revela la fatiga de una parte del público ante los divulgadores que imponen su narrativa con soberbia.
La discusión sobre el 11-M, así, se bifurca en dos caminos: quienes siguen a Farrerons y su tesis irrefutable, y quienes, como Gisbert, defienden una línea más cercana a la intervención directa de Estados Unidos usando bases en España. El método de cada uno –la “ontología fundamental” del primero frente a la “radiografía de la ideología A” del segundo– genera desconfianza mutua.
Cierre con reservas: el tiempo dirá si alguna de estas líneas se impone en el relato histórico o si, como parece, el cisma personal impedirá cualquier síntesis. Mientras tanto, el público interesado en el 11-M se queda con dos versiones que no suman, sino que se anulan.