La inflación que no cuentan: subidas de impuestos, calidad menguante y 'optimización de la compra'
¿Cuánto ha subido realmente tu cesta de la compra si sumas los nuevos impuestos, las tasas y la calidad que se reduce? El último año ha traído una cascada de medidas que, según los análisis más críticos, han encarecido todo entre un 20 y un 25% solo en tasas directas: la llamada 'tasa AliExpress' que golpea al comercio online, la tasa de envases que promete una devolución tras colas interminables, y el 20% adicional sobre la hostelería. Todo ello mientras el IPC oficial sigue maquillado.
Las tres patas de la subida encubierta
La primera es la tasa a las plataformas de venta online, que encarece cualquier producto importado -desde electrónica hasta ropa- hasta en un 25%. La segunda, la tasa de envases: pagas un 20% más por cada botella o lata, pero el Estado 'te lo devuelve' si pasas una hora haciendo cola en puntos limpios que parecen diseñados para desincentivar la devolución. La tercera, el incremento del IVA o impuestos directos a la hostelería, que ya suma otro 20% y que, por el efecto arrastre, también encarece el comercio minorista.
Pero no solo suben los precios: la calidad se desploma. La 'reduflación' -mantener el precio reduciendo cantidad o calidad- campa a sus anchas: carne y verduras de peor calidad, ropa que se rompe a la primera, envases más cutres, tapones que no se desprenden. Todo mientras los salarios públicos se disparan año tras año, aumentando la brecha con el sector privado.
Los que defienden el 'ponte a producir'
Frente al diagnóstico de una inflación orquestada desde Bruselas, hay quien sostiene que el problema es de actitud: 'ponte a producir y deja de quejarte'. Según esta corriente, la solución pasa por trabajar más y consumir menos, no por denunciar una supuesta conspiración. Pero incluso los más críticos admiten que el BCE y las políticas europeas están jugando un papel clave en la erosión del poder adquisitivo.
El Mundial como espejo
Un dato ilustra la magnitud del problema: las entradas para la final del Mundial de fútbol -que España ganó- oscilaron entre 3.650 y 9.600 euros para el público general. Un precio que para un ciudadano con salario medio español es inalcanzable, pero que refleja hasta qué punto la inflación real se ha comido los sueldos. Mientras algunos celebran el título, otros se preguntan si el confeti no es más que un analgésico para la cartera.