La pregunta «nos gobiernan gays» es una trampa política
En el foco de la discusión pública aparece una pregunta que parece abierta pero es una estocada. «¿Nos gobiernan gays?» no invita a contrastar datos sino a posicionarse. El truco no es nuevo: formular un prejuicio en interrogativo permite insinuar sin afirmar, y esa retórica tiene un recorrido judicial limitado, aunque la sospecha quede sembrada.
Las respuestas mostraron dos bandos. El primero, el del sentido común, sostuvo que la orientación sexual no dice nada sobre la capacidad de gobernar; se mencionó a figuras históricas y científicas de reconocido prestigio que eran gays y su desempeño no dejó lugar a dudas. El segundo bando no aportó argumentos: reprodujo el estereotipo del amaneramiento, el drama y la excentricidad, y lo uso para descalificar a líderes que no le gustan. El debate, previsiblemente, acabó desviándose hacia el argumentario conspirativo de siempre.
Lo relevante no es quién gobierna sino la herramienta. Cuando fallan las propuestas, se dispara a la identidad. En España hay legislación que castiga la discriminación por orientación sexual, pero el discurso político encuentra resquicios. La pregunta del inicio es el mecanismo perfecto: se formula deprisa, y ya no hace falta rematarla.
¿Vamos a seguir alimentando este circo o preguntaremos de una vez qué hay detrás de quienes lanzan esas preguntas?