Repentinitis: el mito del gran barrimiento que no se apaga
¿Nos están barriendo de verdad? La pregunta lleva años circulando en los márgenes digitales, y ha creado su propio diccionario: «repentinitis» para las muertes súbitas, «turbocáncer» para los tumores agresivos y «barrimiento» para el supuesto plan de despoblación silenciosa. Quienes suscriben la teoría señalan que hasta la televisión ha empezado a hablar de un exceso de mortalidad, algo que interpretan como la confirmación de una vergüenza que se estaba ocultando.
La mecha: informes de exceso de mortalidad
El detonante no es un dato concreto, sino la coincidencia de varios frentes: informes de defunciones que superan lo esperado, esquelas que se acumulan y una atención mediática que ya no puede ignorarlo. El término «repentinitis» ha pasado de ser una ironía a toda una teoría sobre muertes repentinas inducidas. Un caso que se repite como ejemplo: un joven de 26 años que falleció mientras corría en 2012, cuando aún no se hablaba de esta pandemia, comparado con una supuesta cascada de casos actuales.
Las esquelas como termómetro alternativo
Quienes defienden la tesis del gran barrimiento no confían en las estadísticas oficiales. Su prueba son los obituarios locales: en la franja de 60 a 70 años detectan un goteo constante y en los menores de 60 varios muertos al día que antes no veían. La anécdota se convierte en método: en los pueblos, donde todo el mundo se conoce, el aumento de defunciones se percibe sin necesidad de informes. Las cifras que circulan -un amigo de 63 al que no le dejaron jubilarse, una amiga de 48, dos conocidos de 66 en un mes- refuerzan la percepción de que algo no encaja.
La contra: envejecimiento, pobreza y sanidad agotada
Frente al relato conspirativo, hay una explicación mucho menos excitante: la población española es cada vez más vieja, el sistema sanitario aguanta con recursos menguantes y la sobremedicación dispara los efectos adversos. La esperanza de vida en España alcanza los 84 años, una cifra récord que difícilmente encaja con un plan activo de exterminio. Los escépticos recuerdan que el exceso de mortalidad tiene nombres como el envejecimiento, la pobreza energética o el deterioro de la atención primaria, ninguno de ellos cubierto por el titular fácil.
Del Club de Roma al plan de los mil millones
La teoría no se detiene en la esquela. El objetivo de reducir la población mundial a mil millones de personas, atribuido a Dennis Meadows y al Club de Roma, se ha convertido en la pieza que une la vacuna con la «repentinitis». En esta versión, agentes globales, con Bill Gates como icono, estarían ejecutando un plan silencioso de reducción de población amparado en la crisis sanitaria. La conspiración se retroalimenta con vídeos de YouTube y citas sin contextualizar, hasta convertir cualquier fallecimiento en un episodio del gran plan.
Mientras tanto, las calles están llenas. El que señala ese hecho aparentemente contradictorio recibe la respuesta de que el barrido se hace de fuera hacia dentro. A estas alturas, da la impresión de que el gran barrimiento no va de eliminar personas, sino de barrer cualquier duda sobre el relato. Y eso, aunque nadie muera, ya es un éxito del mismísimo plan.