La tele ha muerto: el auge de la desconexión informativa
La televisión tradicional agoniza, y no es una metáfora. Cada vez más personas declaran abiertamente que no la ven, y ese vacío no se queda vacío: lo llenan podcasts, canales de YouTube, redes sociales y, sí, teorías conspirativas. El fenómeno no es nuevo, pero la crisis de credibilidad de los medios generalistas lo ha acelerado hasta el punto de que «no ver la tele» se ha convertido en una declaración de principios.
El escepticismo como religión
Quienes desconectan del televisor no suelen hacerlo por falta de tiempo, sino por una desconfianza activa hacia el relato oficial. El argumento recurrente es que los grandes canales manipulan, ocultan o simplifican en exceso. En ese ecosistema de desafección, cualquier contenido alternativo —desde el más riguroso hasta el más descabellado— encuentra un público predispuesto. Los chemtrails, por ejemplo, han pasado de ser una rareza de foros marginales a un tema que cualquiera puede encontrarse en su feed de Telegram.
¿Hay vuelta atrás?
La industria televisiva intenta adaptarse con plataformas de streaming y formatos digitales, pero el problema de fondo no es tecnológico: es de confianza. Mientras los informativos sigan siendo percibidos como un producto más, la fuga de espectadores hacia la periferia informativa seguirá creciendo. El futuro no es más tele, sino más fragmentación. Y en esa fragmentación, las certezas se diluyen.