El coste de la guerra de Irán desata fisuras en EE.UU.
"No puedo, con la conciencia tranquila, apoyar la guerra actual en Irán. Irán no representaba una amenaza inminente para nuestra nación, y está claro que iniciamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense", escribió el político Joe Kent, en una declaración que refleja un creciente descontento interno. Mientras tanto, se estima que las instalaciones nucleares iraníes han sido excavadas a más de 120 metros de profundidad bajo montañas de granito, fuera del alcance de las bombas antibunker más potentes.
La factura de una guerra preventiva
El conflicto con Irán supone un drenaje económico para Estados Unidos: cada misil lanzado cuesta millones, y la escalada militar no tiene visos de reducir la capacidad nuclear iraní. La profundidad de los búnkeres sugiere que la estrategia de bombardeo es ineficaz, prolongando así el gasto bélico.
Disidencia y tensión social
El 12 de marzo de 2026, un ataque con disparos y un vehículo contra una sinagoga en West Bloomfield, Michigan, puso a la comunidad en alerta. Aunque no se han establecido vínculos directos con la guerra, el incidente se enmarca en un clima de polarización. Voces como la de Kent cuestionan el relato oficial, mientras una parte de la población se moviliza contra lo que consideran una guerra por intereses ajenos.
La pregunta que queda es: ¿cuánto está dispuesto a pagar el contribuyente estadounidense por una guerra que, según sus críticos, sirve a una agenda externa?