Paraguay: paraíso fiscal y una puñalada que lo desmiente
¿No se suponía que Paraguay era lo más civilizado del estercolero regional? La pregunta llega justo después de que un joven paraguayo de 28 años apuñalara a su compatriota y compañero de piso en Móstoles por poner la lavadora de madrugada. Los hechos, ocurridos el domingo a las 2:15 en la calle Nardo, dejan a la víctima, nacida en el año 2000, con una herida incisa en el abdomen y al detenido, de 1998, en manos de la Policía Nacional.
El incidente, que algunos califican de pura convivencia conflictiva, choca frontalmente con la imagen que se vende de Paraguay en ciertos círculos: paraíso fiscal, baja criminalidad, destino de expatriados que huyen de la presión impositiva española. En el mismo foro donde se difundió la noticia, hay hilos que ensalzan las bondades fiscales del país y lo bien que se vive allí. Pero la realidad, al menos en un piso de Móstoles, fue otra.
El contraste entre el relato y los hechos
Mientras unos defienden que Paraguay es un remanso de orden —«han echado a todos los incivilizados», se ironiza—, otros recuerdan que Uruguay ostenta el título de país más parecido al primer mundo en la región. La puñalada, por aislada que sea, sirve de recordatorio: los paraísos fiscales no siempre vienen con paraíso social. La migración selectiva que promocionan ciertos gurús financieros choca con historias como esta, donde dos compatriotas, presumiblemente desplazados por las mismas oportunidades, acaban en una reyerta doméstica que pudo ser tragedia.
Una anécdota que lo dice todo
Lo más llamativo es el detalle de la lavadora. Un usuario relata su propia odisea con una vecina que ponía la lavadora a las tres de la madrugada, hasta que la policía la multó con 700 euros. El desenlace: la vecina se fue. Pero aquí no hubo multa sino navaja. La diferencia entre un conflicto resuelto por la vía administrativa y otro resuelto por la vía violenta marca, quizá, la distancia entre el mito y el barrio. Ironías de la vida: el mismo país que promete orden fiscal genera historias que huelen más a supervivencia que a planificación.