Dos trabajadores egipcios se encaran a 40 metros en Burgos para cobrar tres meses de sueldo
El 18 de abril de 2026, dos trabajadores de origen egipcio se subieron a una grúa de 40 metros en Burgos y estuvieron tres horas encaramados. No era una broma ni un acto de circo: llevaban tres meses sin cobrar. La empresa, según las denuncias, los tenía contratados en negro. Cuando reclamaron su salario, la respuesta fue el silencio. Así que se jugaron el tipo para ser escuchados.
La protesta duró lo que tardó un sindicalista en convencerlos de bajar –con la promesa de gestionar el cobro–. Pero al pisar suelo firme, la Policía los detuvo a ellos, no al empresario. Mientras tanto, del encargado se llegó a decir que portaba una pistola. La Inspección de Trabajo, de momento, brilla por su ausencia.
El contraste con otro caso reciente es revelador. En Navantia Cádiz, dos soldadores, Jesús Galván y Manuel Balber, llevan 22 días subidos a una grúa reclamando un contrato digno. A ellos los visita la ministra Ione Belarra, autorizada por el Congreso. A los dos egipcios de Burgos los detienen. El doble rasero es difícil de ocultar.
El mito de la falta de trabajadores
El titular que encabeza esta historia –«No se encuentran trabajadores»– es el mismo que reiteran los empresarios para justificar salarios bajos y condiciones precarias. La realidad es que trabajadores hay, pero en muchos casos son contratados en negro, sin derechos, y cuando protestan, acaban en comisaría. La patronal que contrata a inmigrantes sin papeles y les niega el sueldo no tiene problema de oferta: tiene problema de impunidad.
Lo que queda pendiente
A la espera de si la Inspección de Trabajo actúa y la empresa paga lo debido, el caso pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cuántos trabajadores más están en la misma situación, sin llegar a la grúa? La próxima vez que alguien diga que faltan trabajadores, conviene recordar que lo que falta son derechos laborales y voluntad de cumplir la ley.
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