El socialismo y el ciudadano eternamente menor de edad
El socialismo no promete emancipar al ciudadano: lo instala en la infancia. La metáfora del niño que el Estado debe proteger recorre el debate político con una fuerza que no se veía desde hace décadas. Pero la cuestión no es solo retórica: hay quien sostiene que Occidente se infantilizó masivamente tras 1945 y, sobre todo, tras la caída del comunismo en 1991.
La renuncia a la responsabilidad como núcleo del problema
El diagnóstico más duro no se detiene en la protección social. Apunta a una base psicológica: la renuncia a responsabilizarse de lo negativo. Mientras el ciudadano no asuma el coste de sus propias decisiones, será tratado como un menor de edad. El estado de bienestar, lejos de emancipar, consolidaría esa minoría de edad.
El paternalismo, transversal aunque no todos lo vean
Lo interesante es que el infantilismo no es patrimonio exclusivo de la izquierda. También hay quien presume de derechas y espera que el Estado le resuelva la vida. La diferencia, a menudo, es solo cosmética: el mismo niño con diferente chupete.
La predicción con reservas: el Estado seguirá creciendo y la ciudadanía seguirá delegando. Salvo que un shock externo de calibre obligue a la autogestión, el ciudadano eterno niño tiene cuerda para rato.