El racismo con bata de laboratorio: la pseudociencia que justifica el odio
¿Por qué la genética humana se ha convertido en el campo de batalla favorito de la xenofobia? En los debates de actualidad circula con fuerza una idea: la de que ciertos colectivos, por su composición genética, serían una amenaza para la civilización. Una mirada a los datos reales desmonta el argumento, pero eso no impide que siga propagándose a velocidad de viral.
El argumento genético que no resiste el análisis
El relato combina medias verdades evolutivas con saltos lógicos imposibles. Se menciona la presencia de ADN arcaico en poblaciones subsaharianas, y de ahí se concluye que su comportamiento sería inherentemente incompatible con la vida en sociedad. Los estudios de genética de poblaciones, sin embargo, muestran que las variaciones dentro de cualquier grupo humano superan con mucho a las diferencias entre grupos. La práctica totalidad del genoma es idéntica entre todos los seres humanos.
La coartada económica del racismo moderno
Detrás de esta retórica no hay ciencia, sino un cálculo político: si se convierte a un colectivo en un problema biológico, se justifican políticas de exclusión y se ocultan los fallos del sistema económico. La referencia al coste de las ayudas sociales, tan habitual en estos discursos, es la coartada perfecta para no hablar de precariedad laboral ni de recortes en servicios públicos.
A la espera de que alguien explique por qué la selección natural se detuvo justo en la puerta de Occidente, el mito sigue siendo rentable. Siempre es más cómodo culpar al ADN que mirar el balance de cuentas.