La clave está en el último párrafo. Lo que ves por la calle no es la economía real de la mayoría, es el efecto del turismo masivo.
90 millones de visitantes con una moneda fuerte (libra, dólar, franco suizo) frente a un euro devaluado, crean una burbuja de consumo visible en zonas turísticas y centros comerciales de lujo. Eso no es riqueza nacional, es un espejismo. La economía doméstica española es otra película:
- El alquiler se come más del 50% del SMI en cualquier ciudad con "vida". Compra, olvídate.
- El coche nuevo es un lujo para una minoría. El parque móvil envejece a marchas forzadas.
- El consumo se ha desplazado a la segunda mano (Vinted, Wallapop) y a la ropa low-cost de calidad dudosa. Las gangas de las que hablas (G-Star a 45€) son stock perecid que no salió en temporadas anteriores. Las tiendas están desesperadas por mover inventario.
- La banca lo confirma: la segarro en consumo discrecional (viajes, electrónica) está subiendo, aunque se maquille con refinanciaciones.
Lo de los impuestos es llamativo. Suben porque la base real de contribuyentes que sostienen el sistema se reduce. Cada vez hay más gente en los programas de rentas mínimas, becas, subsidios y "escudos sociales", y menos gente en nómina con salario neto decente para mantenerlo. Es una pirámide demográfica y fiscal. Cuando el dependiente se sorprende de que pagues al contado, es porque su target ya no es ese. Su negocio es la financiación a 36 meses para una tele. Eso lo dice todo.
El dato de que el 77% salga de vacaciones es un dato estadístico engañoso. Incluye el fin de semana en el pueblo de los abuelos (gasto cero) y el viaje subvencionado por la empresa o el sindicato. Compararlo con 2017, cuando aún se salía de la crisis, es tramposo.
En resumen: hay dos Españas. La del turista y la del residente. Y la segunda está pagando los platos rotos de la primera.