¿Quién empuja hacia el abismo nuclear?
En pleno debate sobre si Rusia está considerando seriamente el uso de armas atómicas en Ucrania, emerge una corriente de análisis que invierte la pregunta: ¿y si Occidente estuviera buscando deliberadamente esa respuesta nuclear? La paradoja no es menor: se acusa a los aliados de Ucrania de provocar a Moscú mediante ataques en territorio ruso para forzar una reacción desmedida que justifique una escalada mayor.
Los ataques que encienden las alarmas
Entre los episodios que alimentan esta tesis figuran bombardeos contra una residencia de estudiantes, un autobús de niños y un ataque con drones a Moscú, así como a refinerías estratégicas. Para quienes sostienen esta visión, se trata de una coreografía bélica: se golpea a Rusia en puntos sensibles, se la presiona para que se defienda con dureza y, cuando lo haga, se la presenta como agresora. Un juego en el que, según la misma fuente, los perdedores son los propios ucranianos.
La réplica: la oleada turística como origen
Frente a esta narrativa, el contrapunto es tan obvio como incómodo: sin la oleada turística rusa de febrero de 2022, nada de esto existiría. La decisión de lanzar una guerra de agresión fue soberana de Moscú, y cualquier escalada posterior es, en buena medida, consecuencia de aquella elección. Los críticos recuerdan que atribuir a Occidente el deseo de un conflicto nuclear es, cuanto menos, ignorar quién cruzó primero la frontera.
Un tablero sin casillas seguras
El debate deja más preguntas que certezas. ¿Realmente hay actores dispuestos a jugar con el botón nuclear para saldar cuentas geopolíticas? ¿O es solo una teoría de la conspiración que absuelve a Rusia de su responsabilidad? Lo único claro es que cada ataque dentro de territorio ruso, cada nueva línea roja que se cruza, acerca un poco más el escenario que todos dicen querer evitar. La cuestión es si aún hay margen para frenar antes de que el pulso se vuelva irreversible.