GPT-4 promete un mundo nuevo; la energía dice que no
¿Estamos preparados para lo que viene?
Marc Vidal sostiene que no, y lo hace en un vídeo de seis minutos sobre
GPT-4 y el salto que la inteligencia artificial pretende dar sobre la economía. Su tesis: la automatización completa cambiaría el modelo productivo y devolvería a la gente a lo esencial, a las raíces. La acogida ha sido la de un «ya veremos». El resumen que algunos sacan es que se trata de un profeta del apocalipsis tecnológico más, uno de esos que llevan décadas anunciando un mundo nuevo que nunca acaba de llegar.
La paradoja tiene su gracia: el vídeo que advierte sobre la inteligencia artificial se resumió, en algún caso, usando otra inteligencia artificial. Lo que no se discute es si la herramienta es potente.
Qué es GPT-4 y por qué dispara el miedo
ChatGPT-4 representa un avance real en procesamiento del lenguaje natural, y eso no lo niega nadie. El resumen del propio vídeo lo describe como una tecnología capaz de
automatizar la industria y forzar un nuevo modelo económico. Hasta ahí, el guion de siempre.
El problema aparece al preguntar cómo funciona. Un participante habla de
capacidades emergentes: comportamientos que sus diseñadores no programaron y que no saben explicar del todo. Ahí hay dos lecturas. Una parte lo interpreta como una campaña de marketing para hinchar la burbuja de las empresas de IA. Otra, con más vértigo, cree que si eso fuera cierto estaríamos ante las tesis que Penrose planteó en
La nueva mente del emperador.
La carta para pausar el entrenamiento
El asunto dejó de ser una curiosidad de laboratorio cuando
Elon Musk y otras personalidades firmaron una petición para «pausar inmediatamente el entrenamiento» de estos sistemas. La portada que
The Economist dedicó al futuro de la inteligencia artificial confirmó que el tema había entrado en la agenda. Firmantes de mucho nivel y un detalle incómodo: los propios desarrolladores admiten que no controlan del todo lo que construyen.
La respuesta desde la trinchera escéptica llega rápido: puro marketing. Los mismos que anunciaron coches voladores, impresoras 3D para todos y metaversos turísticos. Promesas que acabaron todas en la estantería de las modas pasadas.
El límite que la IA no puede fabricar: la energía
Aquí está la objeción que más pesa. Un participante lo resume así:
el ChatGPT y todo lo demás no pueden funcionar sin energía. Y la energía fósil se agota. El escenario que dibuja no es el de un mundo hipertecnológico, sino el de un empobrecimiento global y guerras por los recursos. La falta de petróleo no se arregla con una pantalla: hay que comer, calentarse y desplazarse.
La contradicción de fondo es vieja, y la plantea otro forero: si el mundo se acaba, si contaminamos demasiado y no podemos ni comer carne, cuesta sostener a la vez que vamos hacia un paraíso tecnológico lleno de trastos. O una cosa o la otra. Y en ese punto el análisis se parte.
El silicio, la singularidad y el cuento
El músculo también tiene techo, según los escépticos. El poder computacional está al borde de su límite:
el silicio ya no da más de sí. La singularidad tecnológica, ese momento en que la máquina se mejore a sí misma sin freno, se despacha como un cuento. Para los escépticos, lo que llega es más modesto: algunos artilugios nuevos, más automatización y el despido de quien no aporte.
La siguiente frontera sería el ordenador cuántico, pero tampoco se ve inminente, según otro participante. La apuesta escéptica es que ese salto no lo veremos en la vida.
Lo que viene de verdad: deuda, inflación y sueldos
Frente al relato tecnológico, el diagnóstico que más se repite en el hilo es el económico y aburrido. Un forero lo formula así: lo que viene es
pagar la deuda y devaluar los salarios vía inflación, perdiendo poder adquisitivo poco a poco. Nada de un día para otro: paulatino, viejo y ya en marcha. La referencia es la crisis de 2008, cuando, según otro mensaje, el remedio aplicado resultó peor que la enfermedad.
Nadie da por seguro el petardazo, pero tampoco lo descarta. En ese escenario, la receta que propone un participante no es prepararse: es mantener la dignidad personal en tiempos que no la regalan.
Al final, da igual la pregunta de partida. La inteligencia artificial cambiará cosas, dicen. El petróleo, la deuda y el sueldo de fin de mes también. Esas no traen actualización.