Recorrer 100 km por 3 euros: la cuenta que se cae a 80 km/h
Hay una cifra que atraviesa todo el asunto de punta a punta: 3,5 litros a los 100 kilómetros. Quien la sostiene asegura que no es difícil moverse en ese rango, que su coche no es de los que menos gasta y que con él recorre 100 km por entre 3 y 4 euros. Todo se apoya en una premisa congelada:
comprar gasolina a 1 euro, el precio que se vio en los surtidores allá por marzo de 2020.
El problema es el precio de hoy. Si el coche gasta 3,5 litros y la gasolina 95 ronda los 2 euros, el trayecto se va a unos
8 euros, no a 3. La multiplicación es de primaria y desmonta media discusión. A partir de ahí el asunto deja de ser una pelea de cifras y se vuelve bastante más interesante: qué se puede hacer de verdad para bajar el consumo y cuánto de ese ahorro es técnica y cuánto es fe.
El decálogo del ahorro: centralita, bujías y filtro del aire
La receta se reparte en varios frentes. Por el motor: resetear la centralita, cambiar bujías al acercarse a los 100.000 km, sustituir el filtro del aire cada 20.000 km. Por la conducción: bajar la velocidad, abandonar las autovías y tirar de carreteras secundarias. El argumento tiene su lógica, porque a 80 km/h por una vía secundaria a veces se recorren
menos kilómetros que por autovía: el trazado sale más recto.
Sobre los neumáticos hay acuerdo en que subir la presión reduce el rozamiento, y bastante menos en que sea buena idea.
Elevar la presión hasta el máximo recomendado es una cosa; pasarse, otra. Se avisa de que la sobrepresión alarga la distancia de frenado y empeora el comportamiento en curva, sobre todo con asfalto mojado, y se recuerda que cada coche lleva dos presiones distintas: una para ir solo y otra para ir cargado.
Ahí es donde el consejo de manual choca con la realidad de taller. Cambiar el filtro del aire en cada cambio de aceite, por ejemplo, es tirar dinero según algún conductor con muchos años y muchos kilómetros a la espalda. La letra pequeña del ahorro rara vez sale gratis.
¿Se puede fabricar gasolina de 98 mezclando etanol en la 95?
La parte más original del planteamiento es esta. La gasolina 95 que se vende lleva ya un
5% de etanol (E5); añadiendo
0,055 litros de etanol por litro se llega a una mezcla con un 10%, equivalente a una 98 E10. En un depósito medio eso son unos 2,5 litros de etanol, que con descuentos se consiguen algo por debajo de los 2 euros.
La justificación técnica: los motores de gasolina con turbo y cilindrada pequeña van muy apretados de compresión y agradecen el octanaje extra. El cálculo que se maneja es que el consumo baja de unos 4 litros reales a unos
3,7, y que el ahorro crece a velocidades altas, donde la autodetonación aprieta de verdad. La pega es que las estaciones
low cost rara vez tienen 98, y comparar una 98 de marca con una 95 barata no compensa.
Es el tipo de receta que funciona en el papel y depende por completo de a qué precio se encuentre el etanol. Y ahí cada zona es un mundo.
Por qué bajar a 80 km/h no basta: la aerodinámica no negocia
El punto donde el relato se rompe es la velocidad. Sostener que un coche gasta poco más a 150 que a 80 choca con una ley física que no admite interpretaciones: la resistencia aerodinámica crece con el cuadrado de la velocidad.
A 150 km/h hace falta más del triple de energía para vencer el aire y el rozamiento mecánico que a 80, y esa energía sale de quemar combustible.
De ahí que las medias milagrosas levanten la ceja de cualquiera que haya hecho números. También se recuerda que el consumo instantáneo del ordenador de a bordo no vale para casi nada: depende de si la carretera pica hacia arriba o hacia abajo y de cómo pise el conductor. Para saber lo que gasta un coche hay recorrido largo, litros y división.
Un caso concreto que se cuenta: un coche entró en modo de protección de motor y completó un trayecto largo de ida y vuelta con una media de
3,7 litros. A 90 km/h, en llano, y con las cuestas a 40. Eso no es conducción normal; es un experimento.
Los consumos reales: del Fabia SDI al C3
Cuando las cifras bajan al terreno de los modelos concretos, el rango se estrecha. Un
Skoda Fabia SDI aparece con una media de
4,86 l/100 km en una base de datos de consumos declarados por conductores, con motor sin turbo y fama de durar cientos de miles de kilómetros. Un
Suzuki Celerio de gasolina se queda en 4,6. Un Citroën Saxo 1.5 D ronda los 4, un C3 puede hacer 3,8 en trayectos conocidos —aunque su dueño admite que prefiere ir alegre y quedarse en 4,8— y un híbrido con dos pasajeros se mueve entre 4 y 4,5 litros si se conoce la ruta. Con GNC, la misma distancia sale por menos de 2 euros.
En el lado opuesto, un
Ford Fiesta 1.4 TDCi con turbo de bajo soplado no logra bajar de
3,99 litros, y eso forzando entre 90 y 100 km/h. Llenó a 1,52 euros el litro, lo que deja el trayecto en
6,08 euros los 100 km; con precios de tarifa normal, 6,60.
Y luego está la vía barata de verdad: sustituir la gasolina por aceite. Un diésel antiguo puede funcionar con aceite vegetal, y hay quien calcula el
biodiésel casero a 0,20 euros el litro a partir de aceite de freidora usado. El proceso exige metanol y sosa cáustica, y quien lo ha mirado avisa de que mal manejado deja ciego o mata. No es una vía de ahorro, es una vía de sustos.
Los ETF de petróleo y la cobertura que nadie hace
Queda el apartado financiero, el más discutido. La idea: si el combustible está a 1 euro, comprar un
ETF de futuros del petróleo; cuando el crudo suba, la ganancia del fondo paga el sobreprecio de la gasolina. Si ya está alto, se hace al revés, con un ETF inverso.
El problema es que esos fondos no siguen el precio del barril como uno imagina. Los futuros hay que renovarlos, la renovación genera gastos de almacenamiento que pesan, y el fondo se va despegando del subyacente en horizontes largos. La cobertura solo tendría sentido para subidas rápidas y explosivas. Y el ETF inverso no cubre nada: dobla la apuesta en la dirección contraria.
De fondo late otra queja que aparece una y otra vez: el precio del barril y el del surtidor llevan años sin correlación clara. Ha habido crudo más caro que el actual con gasolina más barata en el surtidor.
Con estos mimbres, la pregunta que nadie cierra es sencilla: si de verdad existe una forma de recorrer 100 kilómetros por 3 euros, ¿por qué el conductor medio sigue pagando el doble?