Negacionismo climático: el relato económico de la ultraderecha
La negación del cambio climático no es solo una postura científica errónea: es un negocio. Quienes la sostienen señalan directamente a los 107.000 millones de dólares recaudados en impuestos al carbono como la prueba de que todo es una conspiración fiscal. Pero los datos cuentan una historia más compleja.
El argumento del «negocio climático»
En la discusión se repite una cifra: los gobiernos recaudaron la cifra récord de 107.000 millones de dólares a través de impuestos directos al CO₂ y sistemas de comercio de emisiones (ETS), de los cuales entre 80.000 y 87.000 millones provienen de estos últimos. Para los escépticos, esto demuestra que la lucha contra el cambio climático es un instrumento recaudatorio diseñado por élites globales. «Nada mueve tanto dinero como los combustibles fósiles», se argumenta desde una postura crítica, pero «a cambio de tu dinero te dan petróleo; ¿qué te da Greta?», ironizan. La transición energética se presenta como un negocio opaco donde la burocracia verde es el nuevo filón.
Incendios y atribución: ¿provocados o agravados?
El debate sobre los incendios forestales ejemplifica la fractura. Se afirma que «siempre ha habido hijos de puta con una caja de cerillas», pero ahora el problema es «infinitamente mayor por el cambio climático». Frente a esto, surge la réplica: «el cambio climático inventado jode, el cambio climático inventado arregla», menospreciando la conexión científica. España registró 2.000 muertes en las tres olas de calor del verano pasado, un dato que unos atribuyen al calentamiento y otros consideran propaganda mediática al compararlo con días más fríos que no reciben cobertura.
El escepticismo ante el consenso científico
La desconfianza hacia el IPCC y el llamado consenso del 97% es otro pilar. Se argumenta que «el 99% de los teólogos creen en un dios, el 100% de los terraplanistas creen que la tierra es plana», equiparando el consenso científico a una imposición ideológica. Las referencias a «homogeneización de datos» hechas por asistentes virtuales como ChatGPT son utilizadas para sembrar dudas sobre la fiabilidad de las series históricas, ignorando que la ciencia climática se basa en múltiples auditorías independientes.
La conexión con la pandemia y los Lockdown Files
El hilo también enlaza el negacionismo climático con la narrativa de los Lockdown Files, acusando a los mismos «amos» de lucrarse con las restricciones durante la pandemia. La comparación es directa: «mientras los que se forraron se iban de putas a paradores, usted aplaudía en el balcón». Esta visión conspirativa unifica la desconfianza hacia la ciencia, el Estado y las grandes corporaciones bajo un mismo paraguas.
A la espera de que los escépticos concreten alternativas viables al régimen actual de impuestos verdes, el negacionismo climático encuentra su caldo de cultivo en la desconfianza hacia las élites y en la defensa del statu quo económico. La pregunta que queda en el aire es si el coste de no actuar —en vidas, infraestructuras y oportunidades económicas— superará algún día los 107.000 millones que tanto denuncian.