Un lector critica un artículo de Historia National Geographic
¿Qué pasa cuando una publicación de divulgación histórica ficha a una exregidora de ERC para escribir sobre la pintura de bisontes? Que parte de sus lectores de toda la vida se plantea darse de baja. Eso es lo que ha ocurrido, según el relato de un suscriptor que lleva años pagando la publicación y que ha expresado su malestar al descubrir que la autora de un artículo no es historiadora, sino periodista y exregidora del Ayuntamiento de Badalona por ERC.
El desencadenante no es solo político. El texto, según este lector, incluye un error gramatical —«cuánto tiempo se tarda a pintar un bisonte» en lugar de «en pintar»— y una edición descuidada, con márgenes sin justificar y puntuación defectuosa. La gota que colma el vaso para algunos es que la revista pertenece a National Geographic, un sello que muchos asocian a rigor científico y no a activismo político.
El perfil de la autora y el malestar de los suscriptores
La autora del artículo es descrita en la discusión como periodista, activista política y exregidora del Ayuntamiento de Badalona desde las filas de ERC. No se menciona su nombre en el material, pero sí su pasado político y su formación: un posgrado en edición que, a juicio de un lector, no se refleja en la calidad del texto publicado. La revista, por tanto, habría encargado un contenido de divulgación histórica a una persona sin formación específica en Historia.
Para varios suscriptores, esto no es un caso aislado, sino una señal de que la publicación ha virado hacia lo que uno de ellos llama «una puta mierda sociológica infumable». La queja no es solo por el artículo concreto, sino por la línea editorial de una cabecera que llevaba décadas en los quioscos y que, según otro lector, «estaba de puta madre» a principios de los 2000.
El error gramatical que desató la indignación
El detalle más comentado es la
construcción «cuánto tiempo se tarda a pintar un bisonte». Varios lectores señalan que se trata de un catalanismo, propio de hablantes que confunden la preposición «a» con «en» en este tipo de perífrasis. Para ellos, no es solo una falta de estilo, sino una prueba de que el texto no pasó por un proceso de edición cuidado. La revista, que presume de rigor, habría publicado un error elemental.
La discusión también menciona que la autora tiene un posgrado en edición, lo que agrava la percepción de dejadez. Los márgenes no están justificados y la puntuación presenta errores, según la misma fuente. Son detalles técnicos que, sumados, dibujan un producto editorial descuidado.
La reacción de los lectores: de la sorpresa a la baja
La respuesta mayoritaria entre los suscriptores que participan en la conversación es la de darse de baja. Algunos se lo plantean, aunque reconocen que la suscripción tiene un precio razonable y que llevan años coleccionando la revista. Uno de ellos explica que sigue suscrito porque le gusta leerla desde siempre, pero que el malestar es evidente.
Hay quien va más allá y señala que el dinero de la suscripción acaba financiando contenidos que considera activismo político. La vinculación de la autora con ERC y su participación en el «prusés» —término usado en el material para referirse al proceso independentista— es interpretada como una señal de que la revista ha sido capturada por una determinada agenda. No se aportan pruebas de esa captación, solo la coincidencia del perfil de la autora con el contenido del artículo.
El debate sobre el nivel de la revista y el periodismo de divulgación
La conversación deriva hacia una crítica más amplia: la calidad de las revistas de divulgación histórica y el papel de los periodistas frente a los historiadores. Un lector recuerda que en los años 2000 la revista era «otra cosa» y que ahora se ha convertido en un producto «sociológico». Otro menciona que los podcasts de historia de iVoox, como los de un usuario llamado VBUIZA, ofrecían un contenido más potable que el que ahora publica la revista.
La queja de fondo es que la divulgación histórica se ha contaminado de política y de un estilo ligero, más pendiente de la corrección política que del rigor. No hay datos objetivos sobre la tirada o el número de bajas, pero el tono de los mensajes sugiere un desencanto extendido entre los lectores de siempre.
Al final, la pregunta es si una revista de historia debe fichar a una exregidora de ERC para hablar de bisontes. La respuesta, por lo que se ve, es que no para todos. Y los que se van, se van con su colección a cuestas.