¿Hay horario para censurar al gobierno?
La discusión sobre la gestión de la crítica al gobierno ha revelado un curioso patrón: la actividad de borrado de contenido incómodo se concentraría en horario diurno, dejando la noche libre. Los argumentos apuntan a que los censores, humanos al fin, necesitan dormir. Pero también se insinúa que los turnos nocturnos estarían reservados para la planificación de una jornada intensa de depuración.
Lo que no cuadra con el relato oficial de transparencia y moderación automatizada es esta dependencia de los ciclos biológicos. Si los algoritmos no duermen, ¿por qué esperar al día para eliminar críticas? La respuesta, según el análisis más escéptico, es que la censura sigue siendo un trabajo artesanal, con sus horarios y sus pausas para el Colacao.
Conclusión: quien quiera publicar una crítica que vuele bajo el radar, ya sabe cuándo hacerlo. El turno de noche de la censura tiene sus ventajas: nadie se entera, salvo los que madrugan.