La simpatía a la madre acusada y el rechazo a Bretón
Las concentraciones de apoyo a una mujer acusada de matar a sus tres hijos han vuelto a poner sobre la mesa un contraste incómodo: la reacción social cuando el presunto autor es una madre y cuando es un padre. El símbolo del corazón hecho con las manos se ha convertido en la estampa de estas convocatorias, mientras crecen las voces críticas.
El caso de Lindsay Clancy, la mujer imputada por la muerte de sus tres hijos, ha disparado el fenómeno. Un sector pide comprensión hacia su estado mental, pero la comparación con José Bretón, condenado por un crimen similar, destapa un sesgo de género incómodo. ¿Habría tenido Bretón el mismo gesto de solidaridad?
Hay quien sostiene que estos apoyos responden a una corriente de "apoyar lo vigente", una moda de solidaridad selectiva. Otros lo atribuyen a una excesiva tolerancia con la violencia femenina. Lo cierto es que la presunción de inocencia se confunde con complicidad emocional, y el eco mediático amplifica el gesto.
La pregunta incómoda es si la empatía debe sustituir al análisis jurídico. La respuesta, a la vista del caso Bretón, parece clara. Y eso dice más de la opinión pública que de los tribunales.