Musk pide purgar a los «racistas» que votaron a Trump
Elon Musk ha abierto un frente inesperado dentro del Partido Republicano. El empresario, que hace apenas un mes era el azote de los votantes progresistas y el héroe de la base trumpista, ha defendido ahora ampliar las visas H-1B para traer a Estados Unidos a millones de trabajadores indios, y cuando esa misma base le ha respondido con furia ha pasado a llamarles «escoria racista» y a pedir que sean «arrancados de cuajo» del partido. La secuencia, que en cualquier otro país sería un suicidio político, aquí se ha convertido en el primer gran choque del nuevo ciclo republicano.
Qué son las visas H-1B y por qué han encendido al partido
La visa H-1B es un permiso de trabajo que Estados Unidos concede a profesionales extranjeros, en teoría altamente cualificados, para cubrir puestos que las empresas no encuentran en el mercado local. En la práctica, sostienen quienes la critican, ha degenerado en un mecanismo para traer mano de obra más barata y más dócil: el trabajador queda atado a la empresa que le patrocina, con menos capacidad de cambiar de empleo y menos poder de negociación. Ese es el núcleo del conflicto.
Musk, dueño de Tesla y SpaceX, ha defendido la ampliación del programa argumentando que hay que traer «la excelencia» a Estados Unidos venga de donde venga. El problema es que su propia base no lo ha leído como un discurso meritocrático, sino como una invitación a precarizar el mercado laboral estadounidense. El cálculo que circula entre los críticos es sencillo: si se importan ingenieros y programadores dispuestos a trabajar por menos, los salarios de los profesionales locales se hunden. Y si se importan también cocineros, fontaneros y camioneros, el efecto se extiende a los oficios.
La respuesta de la base: «nos está cagando en la boca»
La reacción de los votantes republicanos ha sido de traición. Durante años, buena parte de ese electorado había defendido a Musk como el empresario que les daba la razón frente a los progres. Ahora se ven en la tesitura de tener que elegir entre su antipatía hacia la inmigración y su lealtad al hombre que les prometió eficiencia y recortes. El resumen más repetido es que les están «cagando en la boca» y que aún quedan semanas para que el nuevo gobierno se siente en la Casa Blanca.
Hay quien sostiene que Musk no ha hecho más que aplicar su lógica de siempre: los empresarios multimillonarios no tienen patria ni valores, solo intereses. Si traer trabajadores de fuera abarata costes, se traen. Y si la base protesta, se la descalifica. Otros apuntan a un cálculo más frío: con los aranceles al exterior y la reindustrialización prometida, las empresas necesitan mano de obra barata dentro de Estados Unidos para ser competitivas frente a China. La inmigración no sería un accidente, sino una pieza del plan.
El choque con el trumpismo clásico
El episodio deja a la vista una fractura que el partido había conseguido tapar durante la campaña. Por un lado está el trumpismo de base, que votó contra la inmigración y contra las élites tecnológicas. Por otro, el ala empresarial y libertaria que financió la operación y que ahora reclama su parte del pastel. Musk, que llegó al poder prometiendo recortar el gasto público, se ha convertido en el rostro visible de esa segunda facción.
La paradoja es que el propio Musk ha sido señalado por algunos de sus nuevos aliados como un «liberal» de pacotilla, un hombre que aplica el libre mercado cuando le conviene y pide protección cuando le afecta. La misma acusación que él lanzaba contra otros. Y mientras tanto, la comunidad india en Estados Unidos, que según los críticos no llega al millón de personas, aparece en el centro de un debate que la desborda por completo.
Qué puede pasar ahora
El asunto no está cerrado. Musk ha pedido expulsar del partido a los que considera racistas, pero no ha precisado cómo se hace eso ni quién lo decide. La base, por su parte, no tiene intención de callarse. Y el resto del mundo mira la escena con una mezcla de incredulidad y morbo: el hombre que iba a limpiar el Estado se ha pasado las primeras semanas de su mandato efectivo peleándose con sus propios votantes.
¿Aguantará el matrimonio entre Musk y el trumpismo hasta la investidura? ¿O estamos ante el primer divorcio de la legislatura?