Madre y abuela fallecen al intentar salvar a un niño de 5 años en una presa de Palencia
El domingo por la tarde, sobre las 18:35 horas, un niño de cinco años (según algunos medios, tres) cayó al agua en la presa de Baños de Cerrato, en Venta de Baños (Palencia). Su madre, de 32 años, y su abuela, de 52, se lanzaron a rescatarlo. Ninguna de las dos sabía nadar, o al menos no lo suficiente para enfrentarse a las corrientes y remolinos de una infraestructura que tenía prohibido el baño. Las dos mujeres fallecieron. El pequeño fue localizado por unos pescadores que se encontraban en la zona y trasladado al Hospital Río Carrión de Palencia. Su estado no ha trascendido, pero todo apunta a que sobrevivirá.
El peligro olvidado de los embalses y presas
La presa de Baños de Cerrato, un azud en el Pisuerga, no es un lugar de baño autorizado. Sin embargo, cada año se repiten tragedias similares en embalses y ríos de toda España. En 2025, un total de 472 personas murieron ahogadas en espacios acuáticos, según datos citados en el debate. Las corrientes de succión cerca de compuertas, los remolinos y la maleza sumergida convierten estos lugares en trampas mortales, incluso para nadadores experimentados. En este caso, madre y abuela actuaron por instinto, sin pensar en los riesgos, y pagaron con su vida.
El perfil de las víctimas y el debate social
La edad de la abuela (52 años) y de la madre (32) ha suscitado comentarios sobre el origen de la familia, apuntando algunos a que podrían ser inmigrantes latinoamericanos, conocidos coloquialmente como «panchos». Se ha señalado la falta de habilidades de natación y la inconsciencia de bañarse en lugares peligrosos, así como la posible ingesta de alcohol. Otros han defendido que cualquier persona, independientemente de su origen, puede cometer un error trágico, y han puesto el foco en la necesidad de educación acuática y señalización clara en estos entornos.
El dilema de la seguridad y el cierre de accesos
Tras el suceso, algunos temen que se restrinja el acceso a la presa para todos los vecinos, mientras otros reclaman más medidas de prevención: vallas, boyas, advertencias visibles. La realidad es que, pese a la prohibición, la gente sigue bañándose en estos lugares durante los meses de calor. La pregunta que queda en el aire es si más carteles o más policía evitarán la próxima muerte, o si la solución pasa por una educación generalizada en seguridad acuática desde la infancia.
El niño, que ahora crecerá sin madre ni abuela, cargará con el peso de saber que murieron por él. La familia, según se ha informado, estaba de excursión; el tío del menor presenció la escena en estado de shock. La tragedia, como tantas otras, se resume en una cadena de decisiones fatales: un descuido, un baño prohibido, una corriente invisible. Y dos mujeres que, sin dudarlo, dieron su vida por salvar a un niño.
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