Muere en Ucrania un militar español que pidió excedencia para combatir
¿Qué lleva a un militar profesional español a pedir una excedencia, cruzar media Europa y alistarse en un ejército extranjero en guerra? La respuesta más repetida en el análisis del caso es incómoda: dinero, idealismo o simple búsqueda de emociones fuertes. El caso ha terminado en muerte en combate. El militar había solicitado tres meses de excedencia por asuntos propios del Ejército español, se enroló después en las fuerzas ucranianas y, al no regresar, España inició los trámites para declararlo desertor. La declaración de fallecimiento en combate cerró el expediente.
El episodio destapa una mecánica administrativa que varios análisis señalan como deliberada:
firmar la excedencia antes de partir convierte al combatiente en mercenario a efectos oficiales. Así, el Estado español no aparece como parte beligerante. Es el mismo mecanismo que, según se recuerda en el análisis, se aplicó a quienes marcharon a conflictos anteriores y que ha funcionado en direcciones opuestas según el bando elegido.
El sueldo real de un voluntario en Ucrania
La cifra que circula en el análisis como pago mensual para un combatiente extranjero en Ucrania ronda los
1.600 euros. No es una fortuna. Quien sostiene que el móvil fue económico tiene que explicar por qué alguien con un empleo estable en España se juega la vida por ese dinero. Quien defiende el móvil ideológico tiene que explicar por qué un militar formado en España acaba defendiendo intereses que, según otra parte del análisis, no son los suyos.
Hay quien apunta a un tercer motivo, menos noble:
probar la guerra en primera persona. La hipótesis no es descartable. El Ejército español en tiempos de paz ofrece pocas oportunidades de disparar en serio, y la brecha entre la instrucción y el combate real es un tema clásico en la literatura militar.
Desertor según el BOE, héroe según el relato
La secuencia administrativa es precisa. Excedencia por asuntos propios. Enrolamiento en el ejército ucraniano. No regreso. Inicio de los trámites de declaración de desertor. Muerte en combate. El expediente se cierra sin que el interesado llegue a saber cómo acabó.
Lo llamativo es el doble rasero que una parte del análisis atribuye al sistema. Los combatientes que marcharon a apoyar a Rusia en 2014, según se recuerda, fueron detenidos a su regreso a España por posesión de armas y por comprometer la neutralidad del Estado. Los que marcharon al bando contrario, en cambio, no han enfrentado el mismo tratamiento.
Hay mercenarios buenos y mercenarios malos, resume el análisis con amargura.
¿Por qué España deja marchar a sus militares a Ucrania?
La excedencia por asuntos propios es una figura legal ordinaria. Cualquier militar puede solicitarla. Lo que no es ordinario es el uso que se le da cuando el destino es una zona de guerra. La firma del documento antes de partir traslada toda la responsabilidad al individuo y libera al Estado de cualquier implicación diplomática.
El resultado práctico es que España puede tener ciudadanos combatiendo en Ucrania sin reconocerlo formalmente. No hay declaración de guerra, no hay ruptura de relaciones, no hay consecuencia internacional. Solo un expediente de deserción que se activa si el voluntario no vuelve a tiempo.
El debate sobre el enemigo real
La discusión derivó pronto hacia una pregunta mayor: ¿cuál es el enemigo real de España? Una parte del análisis sostiene que el conflicto ucraniano es una guerra por poderes entre potencias que no son la nuestra, y que quien va a luchar allí defiende intereses ajenos. Otra parte sostiene que frenar a Rusia es una obligación de Occidente y que quien no lo ve así está ciego o comprado.
Entre ambos extremos aparece una tercera posición, más incómoda: la de quienes consideran que el combatiente fallecido, con independencia del bando, tuvo el coraje de hacer lo que la mayoría solo comenta desde el sofá.
Puedan estar equivocados o no, cogieron un fusil y arriesgaron su vida por algo en lo que creían, resume una intervención. La respuesta no se hizo esperar:
un gilipollas menos al que pagarle la pensión.
El precedente de los españoles en guerras ajenas
No es la primera vez que ciudadanos españoles combaten en conflictos extranjeros. La Guerra Civil atrajo a brigadistas internacionales de medio mundo. Los conflictos de los Balcanes, Irak y Siria han tenido también voluntarios españoles. Lo que cambia ahora es la visibilidad: redes sociales, prensa digital y foros convierten cada baja en un caso público.
La pregunta que queda sin respuesta cerrada es si el Estado debería tener un protocolo claro para estos casos o si la ambigüedad actual —excedencia, silencio, deserción si no vuelves— es precisamente el protocolo. Nadie ha dado una cifra oficial de cuántos españoles combaten en Ucrania. Nadie ha confirmado cuántos han muerto. El expediente se cierra, el debate no.
Al final, el sistema funcionó como estaba previsto: un muerto sin nombre público, un expediente cerrado y ningún gobierno teniendo que explicar nada. Eso sí, la próxima excedencia por asuntos propios ya tiene destino conocido.