Paula S.M., 27 años, asesinada en Santander: qué hay detrás del caso
El 31 de julio de 2026, a la una del mediodía, media docena de agentes de la Policía Nacional rodeaba el portal 12 de la calle Perines, en el centro de Santander. Dentro, en el ático, estaba el cuerpo de Paula S.M., 27 años, española. Su pareja, un hombre de 39 años de origen marroquí, confesó el crimen minutos después, según fuentes oficiales de la Delegación del Gobierno. La noticia es terrible. Lo que vino después es peor: la conversación pública se dedicó a juzgar a la muerta.
No hacía falta esperar a la prensa. El primer impulso de una parte de los comentarios fue buscar la culpa en la víctima. "¿Con quién te juntas?" es el resumen de decenas de mensajes. Paula, según se ha difundido, trabajaba en sensibilización en igualdad; el dato ha servido para convertirla en diana en lugar de explicar nada de lo sucedido.
El origen del presunto agresor, el gran detalle para unos, el gran tabú para otros
La primera polémica estalla por una palabra: marroquí. Hay quien exige que los medios subrayen el origen del detenido para entender el caso; hay quien responde que es un estereotipo que criminaliza a todo un colectivo. El suceso, a mediodía, se convierte así en un campo de batalla entre dos relatos que apenas se hablan.
Mientras tanto, los datos objetivos siguen siendo escasos. La víctima convivía con el presunto agresor en el ático de la calle Perines. Tenía un hijo de un año, que se queda sin madre y, en la práctica, sin padre.
Un hijo de un año y un debate que habla de nosotros
Ese niño es el gran ausente del ruido. No aparece en los mensajes que celebran la muerte ni en los que piden explicaciones por la nacionalidad. Aparece solo de pasada, en una línea, como un dato incómodo.
Y en el otro extremo del espectro, la burla. "Está presuntamente muerta", ironizan algunos, en una versión macabra de la presunción de inocencia. El chiste no necesita análisis.
Lo que nadie quiere mirar de frente
La estadística de violencia machista en España no necesita casi presentación. Lo que sí necesita es que no se use un asesinato concreto como argumento para montar una teoría sobre inmigración sin datos. Aquí no hay prevalencias, no hay estudios: hay una mujer muerta, un hombre detenido y un niño huérfano.
La pregunta incómoda es doble. ¿Por qué la primera reacción ante un asesinato machista es buscar la culpa de la asesinada? Y de paso: ¿cuántos casos más harán falta para que el hijo de una víctima no se quede sin madre y sin discurso?