Muere en un McLaren a los 27 junto a una camarera de Hooters
La madrugada del domingo, en Irvine (Orange County, California), un McLaren de 2019 chocó contra un árbol y se incendió. En el interior murieron James Wehr, de 27 años, cofundador de South OC Cars and Coffee, una popular quedada de aficionados al motor en San Clemente (California), y Alexis «Lexi» Kramer, de 22, camarera de la cadena Hooters y una de las caras de su calendario. No consta una causa oficial del siniestro. Todo lo demás —el deportivo, la acompañante, la vida privada del conductor, la carcajada ajena— lo cerró internet en menos de 24 horas.
Qué se sabe del accidente de Irvine
El impacto se produjo hacia las 12:20 de la madrugada. El McLaren quedó envuelto en llamas tras estrellarse contra un árbol y los dos ocupantes fallecieron. Fueron los familiares quienes identificaron a Wehr en primera instancia; la segunda víctima, procedente de Florida, quedó confirmada después. La escena fue lo bastante aparatosa como para que en pocas horas circularan todo tipo de explicaciones sobre la velocidad y el comportamiento del vehículo. Ninguna está confirmada oficialmente a la fecha de esta discusión.
Conviene retener un detalle que la conversación arrastró durante horas: en algún mensaje del hilo el coche apareció como un Aston Martin. Era un McLaren. En un caso donde la marca del deportivo es el noventa por ciento del relato, el error no es menor.
Quién era James Wehr y de qué vivía
A los 27 años, Wehr había levantado un negocio entero alrededor de la gasolina. Cofundó South OC Cars and Coffee en San Clemente, una quedada de aficionados que algunos medios describieron como la mayor del mundo, y mantenía otros proyectos vinculados al motor. Además gestionaba su propia marca de contenidos.
El patrón se repite en la economía del creador: el activo no es el producto, es la audiencia. Y la audiencia, cuando el creador desaparece, se convierte en tribunal. Hay quien sostiene que el fallecido no era feliz, sino una bomba de impulsividad con patrocinadores. Es una tesis imposible de verificar y perfectamente reconocible.
Hooters: el restaurante que España nunca dejó entrar
La otra protagonista involuntaria es una cadena de comida rápida estadounidense cuyo principal atractivo comercial, según la descripción que hizo un participante del foro, no es la carta, sino el uniforme de sus camareras. Según ese mismo mensaje, la cadena estandariza el tipo de camareras que busca y usa un calendario anual con sus empleadas como reclamo; en el hilo también se mencionaron las propinas. Otro participante aseguró que la cadena intentó desembarcar en España sin éxito.
En el hilo se discutió hasta dónde se puede estirar un modelo así sin romperlo; nadie aportó números al respecto.
Por qué los superdeportivos arden con tanta facilidad
Uno de los episodios que se han recordado estos días es el del actor que interpreta a Mr Bean, a quien un participante atribuyó un McLaren F1 del que se habría deshecho tras una racha de accidentes. En el hilo se apuntó como explicación a la alta velocidad y a la facilidad con que arden los superdeportivos en los accidentes: ninguna de esas hipótesis está confirmada.
La discusión —si un deportivo eléctrico se comportaría igual— quedó sin zanjar. Como casi todo en este caso.
La esposa, la herencia y la risa ajena
Lo que convirtió un accidente local en un fenómeno global fue un tercer elemento del relato: la afirmación, difundida sin confirmación oficial, de que la mujer que viajaba en el asiento del copiloto no era la esposa del conductor. Mensajes en redes y en el propio foro señalaron que Wehr estaba casado y que le acompañaba otra persona, y la familia de la joven se pronunció públicamente. Ninguna de esas circunstancias cambia el resultado: dos muertos de 22 y 27 años.
Lo que sí cambió fue el tono. En lugar de duelo, buena parte de la conversación pública produjo sorna, y no por el fallecimiento, sino por el envoltorio: el deportivo carísimo, la pareja improbable, la vida montada para ser vista. Ese gesto —reírse del decorado y no del muerto— es el que conviene mirar con calma, porque dice bastante más de quien lo ejecuta que del que ya no puede contestar.
Sobre la herencia no hay confirmación oficial de ningún tipo: la sucesión se resolverá donde se resuelven estas cosas, con un testamento delante y sin cámaras. En ausencia de testamento, la legislación de California coloca al cónyuge superviviente en primera línea, pero ese extremo no consta.
Con los datos disponibles, el único balance honesto es el recuento: dos personas que salieron de casa una noche y no volvieron. El resto es una coartada con la que cada cual hace lo que puede.