Mordidas de Ángel Víctor Torres: la madeja canaria sin desenredar
Que un político canario acumule frentes abiertos no es noticia. Que todos miren hacia otro lado cuando se habla de comisiones en plena pandemia, sí lo es. Ángel Víctor Torres, expresidente de Canarias y ministro del Gobierno de España, lleva tiempo en el centro de un runrún que en las islas se da por sabido: presuntas mordidas, intermediarios sin cargo oficial y una trama que apunta a la masonería local. Nada de esto ha llegado a los juzgados, pero el ruido no cesa.
La comisión que se justificaba con la emergencia
El relato más jugoso es también el más difícil de verificar. Una persona cercana al entorno de la gestión sanitaria presumía, según varias voces, de haber metido la cuchara en las comisiones de la pandemia. Su justificación: “como era una emergencia, todo estaba bien”. Esa misma lógica, la de que la urgencia lo excusa todo, es la que ha permitido que durante años se firmaran contratos sin control en casi todas las comunidades. En Canarias, el chascarrillo es que el propio Torres, tras un problema de salud leve, se apartó de la primera fila cuando el asunto empezaba a oler mal. La coincidencia no pasa desapercibida.
Los mandilones y la trama del Tito Bernie
El segundo frente es más rocambolesco. “Con Torres saltamos a otro nivel, los mandilones salen a escena”, se lee en las informaciones que circulan. Los mandilones, el apodo de los masones, aparecen en titulares como “Seísmo en la masonería canaria” o “Corrupción socialmasónica del sanchismo”. Según esos escritos, el propio Torres habría recalado en Canarias para apoyar a la masonería en plena crisis migratoria, mientras se destapaba el llamado caso Tito Bernie. La trama habría provocado expulsiones de altos cargos, entre ellos el Gran Maestro Óscar de Alfonso, por intentar tirar de la manta. Los detalles de esa purga interna nunca se han explicado del todo.
El exalcalde silenciado y el portero de local de alterne
El tercer hilo suelta un nombre incómodo: “Oscargután”. Cuando ese personaje era alcalde, circulaban vídeos suyos conduciendo coches de lujo de un mafioso local. Ahora, dice el sector crítico, todos callan. Y en paralelo, se menciona a un hombre sin cargo institucional, que había trabajado como portero de un local de alterne, ejerciendo de interlocutor entre ministros. Que alguien sin despacho oficial medie entre altos cargos del Gobierno, y que nadie pregunte por sus funciones, es quizá la prueba más clara de que algo huele en la política canaria.
Con tantas piezas sobre la mesa, la pregunta no es si existía un sistema de mordidas en el archipiélago. La pregunta es por qué nadie ha conseguido que se abra una investigación que aclare el alcance. O, peor, si esa investigación ya está cerrada porque ha sido más rentable no hacerla.