Monedas falsas: el timo del oro que se cuela en cartera
Una bolsa de piezas de 18 kilates que se venden como
oro de 900. Un soberano que no es un soberano. Un Krugerrand que pesa 33,54 gramos cuando debería rondar los 34. Esa es la realidad que se cuece en el mercado de metales preciosos, y no siempre sale en los medios. La falsificación de monedas de oro y plata no es un fenómeno marginal: hay quien sostiene que circulan centenares, miles, millones de piezas falsas, y que los compradores novatos son el blanco fácil. La regla que resume todo lo demás es una sola:
no hay duros por cuatro pesetas.
Qué monedas son las más falsificadas
El catálogo de piezas problemáticas es amplio. Los soberanos británicos encabezan la lista: se falsifican desde hace décadas y hay tiradas enteras que circulan como auténticas. Le siguen los Krugerrand sudafricanos, los 50 pesos mexicanos, las pandas chinas de los años 80 y 90, y las monedas conmemorativas modernas, cuyo certificado de autenticidad es, en muchos casos, un simple trozo de papel. La paradoja es que una moneda de oro o plata conmemorativa moderna es
más fácil de falsificar que una pieza anterior al siglo XX, porque el control de calidad de las emisiones contemporáneas es más laxo.
El caso de las alfonsinas es particular: no son monedas, sino oro de 18 kilates que se intenta colar como oro de 900. La diferencia de precio entre una ley y otra es suficiente para que el timo sea rentable. Un joyero comentaba que a un colega suyo le habían colado una bolsa entera.
Cómo detectar una moneda falsa sin ser experto
La primera herramienta es el peso. Una onza de plata ronda los 31,1 gramos, con una tolerancia que puede llegar a los 0,6 gramos en casos extremos. En oro, el margen es mucho más estrecho: 0,2 gramos de desgaste podrían ser aceptables, pero una onza de oro que pese un gramo menos es sospechosa. El diámetro y el grosor del cospel también cantan: un Krugerrand falso medido con densímetro daba una ley de aproximadamente 17 kilates y un espectómetro lo dejaba en 690 milésimas, cuando debería ser de 22 kilates.
El sonido es otro indicador. Una pieza auténtica tiene una resonancia característica; una falsa suena apagada. Y el canto: las estrías de una moneda buena son nítidas, uniformes, sin rebabas. En los soberanos hay un detalle que se repite: el caballo del anverso debe tener el miembro viril cruzado con el ala del dragón. Si no lo tiene, es falso. Después se comprueba que el año, el rey y la ceca concuerden.
El fraude que se cuela en los mercadillos y en las plataformas online
El comercio electrónico ha multiplicado el problema. Hay vendedores que llevan meses sacando monedas chinas de los años 90, de tirada limitada, a buen precio, y no se les acaban. La pista está en la respuesta a una pregunta sencilla: ¿aceptas trato en mano? Si la respuesta es no, en un porcentaje muy alto de casos es un estafador. Si es sí, o el vendedor no sabe lo que tiene o lo que vende es bueno.
Los lingotes también se falsifican. En los mercadillos numismáticos de Madrid, como el de la Plaza Mayor, se han detectado imitaciones de lingotes coreanos. La recomendación es siempre la misma: comprar a quien entienda, verificar el peso, el diámetro y el canto, y desconfiar de los precios demasiado bajos. La tecnología ayuda: hay máquinas de medición por densidad y espectómetros que permiten verificar la ley del metal sin dañar la pieza.
Qué hacer si te han colado una moneda falsa
La primera reacción suele ser la incredulidad. Luego llega la comprobación: peso, medidas, canto, sonido. Si la pieza no cuadra, conviene acudir a un numismático o a un compro oro para que la examinen. No siempre el veredicto es definitivo: hay falsificaciones de época que tienen su propio valor coleccionista, porque se acuñaron en plazas locales y las autoridades de entonces tomaron cartas en el asunto para impedirlas. En esos casos, la pieza no es un fraude moderno, sino una curiosidad histórica.
La prevención es la única vacuna. No hay atajos: si el precio es demasiado bueno, probablemente no lo sea. La regla de oro del mercado de metales preciosos sigue vigente:
no hay duros por cuatro pesetas.
¿Cuántas monedas falsas circulan ahora mismo por el mercado español sin que nadie lo sepa?