Playa del Rebollo: el rincón tranquilo de Guardamar que escondía más de lo que parece
Guardamar del Segura tiene su joya menos concurrida: la playa del Rebollo. Lo que para unos es un arenal virgen donde escapar del bullicio, para otros fue escenario de encuentros discretos. La paradoja de una costa que prometía paz y acabó siendo otra cosa.
Una playa que cambió de fama
Los que llevan años veraneando en Guardamar recuerdan cuando la playa del Rebollo era casi desconocida. Una progenitora, harta del gentío, pidió a su mar1 que la llevaran allí porque «decían que era virgen, casi no hay gente». Lo que encontraron fue un arenal tranquilo, sí, pero con una clientela que buscaba más que el sol. Entre las dunas y los pinos, el lugar se había convertido en punto de encuentro para el cruising masculino. «Más setas y champiñones que en un pinar», resumió un veterano con ironía.
Del tupper al arroz: el otro lado de la costa
La gastronomía local también tiene su miga. Mientras unos prefieren el tupper para no perderse el paisaje, otros preguntan por arrocerías de la zona. Lo cierto es que la oferta de restauración en Guardamar es variada, pero el que va al Rebollo suele llevar la comida de casa. O no comer, según se mire.
La playa sigue siendo un imán para quienes huyen del turismo masivo. Pero su fama de lugar «para ir solo» —o en compañía selecta— ya no es ningún secreto. La pregunta queda en el aire: ¿cuánto tardará en llenarse de familias con sombrilla?
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