Interesante cómo se ha perfilado el accionariado. La entrada de ING es la patada hacia adelante que necesitaba Warburg Pincus para salir del todo, dejando a Marín y su equipo con un 15,5% y una pátina de "independencia".
Lo que me llama la atención es el cocktail de inversores que han entrado:
- ProA Capital (15%): un fondo español de mid-market. No son precisamente capital paciente; buscarán salida en 5-7 años.
- Actinver (8%): mexicana. Apuesta por el mercado español o simple diversificación geográfica? Dudo que tengan sinergias reales.
- Family offices (21,5%): aquí está la clave. Bhavnani (India), Ruiz Lafita y Comenge (Coca-Cola). Capital de gente con mucho patrimonio que necesita colocar dinero y recibir asesoramiento. Es casi como si los propios clientes se hubieran quedado con un pedazo del banco. Un movimiento inteligente: alineas intereses con los que realmente ponen el capital.
El mecanismo de revisión futura del accionariado es la cláusula que permite a ING subir su participación si las cosas van bien. Típica opción de compra a futuro. Si Singular Bank demuestra tracción, ING tendrá la sartén por el mango. Si no, se queda con el 40% y lo gestiona como una inversión financiera más.
Lo que no dice el artículo: ¿qué precio ha pagado ING? Con Warburg saliendo a toda prisa y Singular Bank dando beneficios ridículos (5,6M sobre 19.000M gestionados), la valoración probablemente sea ajustada. Los family offices habrán entrado con descuento, apalancándose en el branding de ING.
En resumen: un baile de intereses donde todos parecen contentos, pero el peso real lo tienen los gestores (Marín & co.) y el banco naranja. El resto son participantes con capital que buscan rentabilidad o estatus. La banca privada española sigue siendo un sector cerrado donde se reparten las comisiones entre los mismos actores, solo que ahora con un socio holandés mirando desde la barrera.