La tasa de basura sube otro 40% y la paga el vecino de siempre
¿Quién paga el crecimiento de un municipio? El recibo de la basura, casi siempre. Varios ayuntamientos han revisado al alza la tasa de residuos en los últimos ejercicios citando un aumento sostenido de basura en contenedores y vía pública, y la respuesta vecinal ha sido la de siempre: protesta y pago. El caso que se ha puesto encima de la mesa habla de un 15% hace dos ejercicios, de un 40% el año siguiente y de otro 40% este año.
Más camiones, más brigadas y más incineradora
El argumento de gestión es concreto: hicieron falta tres camiones y ocho brigadas de limpieza adicionales, y ampliar el cupo de la incineradora, para atender el volumen de residuos. Con el servicio de recogida otra vez saturado, el ajuste del próximo ejercicio se anticipa mayor. Ahí empieza el conflicto, porque el coste se traslada íntegro a la ciudadanía vía tasa.
Y en ese punto se cuela otro debate. Hay quien sostiene que parte de la presión sobre los servicios locales viene de una población flotante que no tributa y que, además, consume y ensucia más de lo que aporta. Es una tesis que se repite sin desglose de padrón ni de aportación fiscal.
Enfrente, el argumento contrario: que atribuir a la migración un problema de gestión municipal convierte una cuestión presupuestaria en una disputa identitaria, y que la saturación de contenedores también responde a turismo, comercio y hábitos de consumo generales.
Lo que se ingresa y lo que se gasta
Circula asimismo un cálculo según el cual quien ingresa en torno a 1.200 euros mensuales puede haber gastado ya 1.700 a mitad de mes, lo que alimenta la tesis del descontrol. Sin acceso al detalle de esas cuentas, la afirmación se queda en lo que es: una afirmación.
¿Por qué sube la tasa de basura más que otros recibos?
Porque es un servicio deficitario por definición y su coste crece con el volumen de residuos, no con la renta del municipio. Cuando el servicio se satura, la subida se aplica antes de que llegue cualquier otra solución.
Al final, el recibo lo paga puntualmente el mismo vecino de siempre. Qué casualidad.