Capitalismo y soledad: la religión casa mejor que el mercado
El vídeo viral muestra a un hombre joven de aspecto humilde con una esposa atractiva y sonriente. La escena, según el relato que lo acompaña, sería impensable en Occidente: el capitalismo habría condenado a ese hombre a la soledad, mientras que la religión le ha proporcionado una familia. La discusión económica que se abre es más interesante que el morbo: ¿qué papel juegan los valores religiosos en la formación de parejas y en la natalidad?
La discusión: capitalismo vs. religión
Hay quien sostiene que la secularización y el individualismo han destruido el mercado matrimonial tradicional. En España, se argumenta, hasta hace tres décadas los matrimonios eran estables y la sociedad “sana”; en los últimos 25 años, la natalidad se ha desplomado y la familia joven es la excepción. La religión, en cambio, ofrece un marco de compromiso que el capitalismo no puede comprar.
Pero la réplica es contundente: el capitalismo lleva dos siglos existiendo y no es el culpable de la decadencia. Los países con más religiosidad también participan del mismo sistema económico. El problema no sería el mercado, sino la pérdida de valores compartidos. Y ahí la discusión se atasca: nadie ofrece una solución que no pase por imponer una moral.
La paradoja española
La crítica al capitalismo como chivo expiatorio es fácil de rebatir: las sociedades más religiosas también viven en economías de mercado. La diferencia no está en el sistema, sino en las normas sociales que regulan el comportamiento individual. Mientras el capitalismo premia el consumo inmediato, la religión premia la abstención y el compromiso a largo plazo. Esa es la verdadera tensión.
Mientras tanto, el vídeo sigue ahí, con su pareja feliz, y la pregunta sigue abierta: ¿es la religión un refugio contra la soledad o simplemente otro producto más en el mercado de las relaciones? La respuesta, como casi siempre en economía, depende de a quién le preguntes.