De la CUP al catolicismo: el relato de Isabel Gómez
Isabel Gómez tiene 48 años, un pasado de
militancia en la CUP y en la extrema izquierda, y una
conversión al catolicismo que ella misma encadena en tres momentos: la
ecografía de su primer hijo, el nacimiento prematuro del niño y, más tarde, una agresión. Su testimonio, difundido estos días, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta vieja: ¿cuándo cambia de ideas alguien, y por qué?
El latido a las ocho semanas
El primer punto de inflexión llega en la ecografía. Escuchar el corazón del feto a las
ocho semanas la hace dudar de la posición proaborto que había defendido. El nacimiento prematuro y el paso por neonatología terminan de mover el suelo. No es un giro de manual: es un cambio
a cuentagotas, en el que la maternidad pesa más que cualquier argumentario.
La agresión y la ruptura con los suyos
El relato añade después una agresión de la que responsabiliza a un hombre migrante, y una visita a una catedral. Al defender en público sus nuevas convicciones, según su propia versión, sus antiguas camaradas le dan la espalda. Ahí asoma el patrón que más incomoda a quien lo lee: alguien que solo revisa sus ideas cuando las consecuencias le tocan en primera persona.
Secta que cambia de secta
Una parte del análisis sostiene que ciertos entornos ideológicos funcionan como una
fe —dogmas,
liturgia, tabúes— y que salir de uno suele ser entrar en otro. La objeción es evidente: aplicar ese patrón a la izquierda y no a la conversión religiosa es hacer trampa. Sobre si el cambio es sincero o conveniente, el material no cierra nada.