Mileuristas con asistenta: ¿lujo o necesidad vital?
Pareja mileurista: él, mozo de almacén; ella, cajera en un Día. Gastan 36 euros en que alguien les limpie la casa un sábado mientras ellos van al gimnasio, toman un tercio y un bocadillo de calamares. La anécdota, extraída de una discusión económica, refleja una realidad cada vez más extendida: trabajadores con ingresos medios o bajos que externalizan las tareas del hogar. ¿Es un síntoma de aspiraciones de clase o una decisión racional de asignación de tiempo?
El coste real del servicio doméstico
Los precios mencionados oscilan entre 12 euros la hora (en blanco o en zain, según el caso) y paquetes de 300 euros al mes por dos visitas semanales antes de la guerra de Ucrania. Quienes defienden el gasto argumentan que su tiempo libre vale más que esas cantidades: «Prefiero pagar y tener tiempo para mí», resume una postura recurrente. Otros, en cambio, señalan que, para una vivienda media de 60 metros cuadrados, media hora basta, y que el coste real, incluyendo cotizaciones, puede superar los 700 euros mensuales si se hace de forma legal.
Empleo en zain y explotación laboral
Un sector del análisis critica duramente la contratación irregular de personas migrantes sin papeles, a menudo por salarios ínfimos. «Si luego esa chica les casca una denuncia y les toca multazo, a llorar», se advierte. Las voces críticas denuncian que esta práctica es una «esclavitud moderna» y que quienes la justifican son los primeros en quejarse de la inmi gración. También se menciona el riesgo de robos o chivatazos, aunque sin datos contrastados.
Tiempo versus dinero: la paradoja de la clase trabajadora
La discusión revela una tensión profunda: personas que ganan el salario mínimo (unos 1.080 euros mensuales en 14 pagas) y que, sin embargo, pagan a otra persona para limpiar su casa. Algunos lo ven como un acto de «postureo» o una herencia de la «clase media del franquismo», hoy casi desaparecida. Otros lo defienden como una necesidad para conciliar trabajo, ocio y vida familiar, especialmente si hay descendientes. El cálculo más detallado –que incluye horas, cotizaciones y vacaciones– no aparece completo en la discusión, lo que deja preguntas abiertas.
El papel de la inmi gración en el servicio doméstico
La mayoría de las empleadas domésticas mencionadas son de origen hispanoamericano, a menudo en situación irregular. Se argumenta que «las españolas no quieren trabajar» por los salarios ofrecidos, lo que ha creado un nicho laboral para muyer migrantes. Sin embargo, las condiciones –falta de contrato, bajos salarios, horas excesivas– son objeto de controversia. Mientras unos ven una oportunidad para la empleada, otros denuncian una relación de explotación.
¿Hacia una regulación más estricta?
Se menciona la posibilidad de que la Inspección de Trabajo (la «Yoli») intensifique los controles, con sanciones elevadas para quienes contraten sin alta en la Seguridad Social. También se especula con un aumento del coste del servicio, que podría alcanzar los 700 euros al mes si se regulariza. Esto, según algunos, haría inviable la contratación para la mayoría de los mileuristas.
Con estos datos, el dilema sigue abierto: ¿es racional pagar por un servicio que uno mismo podría hacer, o es un síntoma de una sociedad que valora más el ocio que el esfuerzo? La respuesta probablemente dependa de cuánto se valore el tiempo de cada uno.