Sudáfrica: la inmigración ilegal enciende la mecha de la xenofobia
¿Qué ocurre cuando un país con una tasa de desempleo juvenil que ronda el 60% recibe oleadas de inmigrantes sin papeles? En Sudáfrica, la respuesta han sido protestas masivas, quema de comercios y amenazas de 'cacerías' contra extranjeros. Miles de sudafricanos, según informaciones de The Guardian y medios locales, han salido a las calles en varias ciudades acusando a los inmigrantes indocumentados de empeorar las condiciones laborales, disparar la criminalidad y colapsar los servicios públicos.
El detonante: una presión que no se negocia
Las protestas, que comenzaron de forma espontánea, han escalado a episodios de violencia: quema de comercios pertenecientes a nigerianos y mozambiqueños, y grupos de ciudadanos armados con palos y machetes advirtiendo que 'cazarán' a los inmigrantes si no abandonan el país. El objetivo principal son los llegados de Zimbabue, Malaui, Mozambique y Nigeria, a los que se responsabiliza de la caída de los salarios en sectores como la construcción y de la saturación de hospitales y escuelas. El término local 'amakwerekwere' se usa para designar al inmigrante ilegal, y su sola mención condensa décadas de resentimiento.
El argumento económico: salarios a la baja y servicios saturados
Detrás de la ira hay una lógica económica tosca pero generalizada. La llegada masiva de trabajadores dispuestos a cobrar menos –según los manifestantes– deprime los salarios de los sudafricanos más vulnerables, especialmente en la economía informal. Al mismo tiempo, los servicios públicos, ya deficientes por la mala gestión y la falta de inversión, se resienten con una demanda creciente. La vivienda es otro frente: se acusa a los inmigrantes de disparar los alquileres. Sin embargo, ningún estudio oficial aportado en la discusión cuantifica con precisión estos impactos, lo que deja el debate en el terreno de la percepción.
La paradoja histórica: ¿dónde empieza el 'nosotros'?
Resulta difícil ignorar la ironía histórica. Como señalan algunos análisis, la mayoría de los sudafricanos negros actuales descienden de pueblos que migraron al territorio durante la colonización británica y el auge económico posterior. Los autóctonos originales, los khoisan, fueron desplazados o asimilados por oleadas posteriores de zulúes y xhosas. El país, construido sobre sucesivas inmigraciones, se enfrenta ahora a su propio espejo. La pregunta incómoda es si el rechazo al extranjero obedece a razones económicas genuinas o a un chivo expiatorio conveniente.
Con estos mimbres, el conflicto no tiene visos de resolverse. Mientras tanto, en Europa se sigue discutiendo si la inmigración es un derecho humano o un problema de orden público. En Sudáfrica, la respuesta ya está en la calle.