Miles marchan en Sudáfrica contra inmigrantes tras ultimátum racista
El pasado fin de semana, miles de sudafricanos salieron a las calles para exigir la expulsión de inmigrantes, después de que grupos racistas lanzaran un ultimátum. La movilización, que se extendió por varias ciudades, es la culminación de semanas de agresiones y amenazas a extranjeros, a los que se culpa del desempleo, la delincuencia y el colapso de los servicios públicos.
La economía sudafricana, con una tasa de paro superior al 30%, es el caldo de cultivo de este estallido. Los inmigrantes, principalmente de países vecinos como Zimbabue o Mozambique, se han convertido en el chivo expiatorio de una crisis que tiene raíces más profundas: la desigualdad extrema, la corrupción y el fracaso de las políticas de desarrollo. El ultimátum, lanzado por organizaciones de ultraderecha, ha encontrado eco en una población desesperada, pero los expertos señalan que sin inmigración sectores como la minería o la agricultura se resentirían gravemente.
Curiosamente, el debate ha traspasado fronteras: en círculos afines se ha comparado la situación con la posible evolución de España en la próxima década, donde el discurso antiinmigración gana terreno.
El dato que descoloca: según informes internos, más del 40% de las pymes en Johannesburgo están regentadas por extranjeros. La paradoja de querer expulsar a quienes sostienen el empleo informal es el reflejo de una crisis de confianza que ningún ultimátum resolverá.