Miles de médicos latinos trabajan en España sin el MIR: ¿solución o riesgo?
La sanidad española afronta una paradoja: mientras miles de estudiantes con vocación se quedan fuera de la carrera de Medicina por las altísimas notas de corte, las comunidades autónomas recurren a la contratación de facultativos latinoamericanos sin la especialidad homologada. Una medida que nació como excepcional durante la pandemia se ha normalizado, y los colegios profesionales empiezan a denunciar los riesgos.
El agujero de la Atención Primaria
El ejemplo más claro está en Aragón: de las casi 300 plazas de médico de familia ofertadas fuera de Zaragoza, solo se cubrieron 46. Ante la falta de candidatos, los gestores sanitarios han optado por contratar a médicos con títulos extranjeros cuyas especialidades aún no están homologadas. El Servicio Extremeño de Salud (SES) defiende estas contrataciones como un mal menor para garantizar la asistencia, pero los colegios médicos advierten de que la medida se está cronificando.
Un negocio creciente para las universidades privadas
En la última década se han abierto una docena de nuevas facultades de Medicina en España, la mayoría privadas. El número de facultades por millón de habitantes ya iguala al de Corea del Sur. La consecuencia, según los críticos, es una burbuja de titulados que empujará los salarios a la baja y fomentará la precariedad. Mientras, los médicos españoles formados con el MIR se quejan de condiciones laborales degradantes y muchos optan por emigrar.
Calidad bajo sospecha
Los testimonios de pacientes y profesionales sobre la preparación de algunos facultativos importados son recurrentes: desde problemas de comunicación hasta presuntas deficiencias formativas. Aunque la mayoría de los contratados son profesionales competentes, la relajación de los controles de homologación genera desconfianza. La propia RTVE recogía la alerta de los colegios médicos extremeños: lo que debía ser una solución temporal se está consolidando como práctica habitual.
El debate está servido. Por un lado, la necesidad de cubrir plazas en zonas rurales y especialidades deficitarias. Por otro, el riesgo de deteriorar la calidad asistencial y de desincentivar la formación de médicos nacionales. Mientras las autoridades no aumenten las plazas universitarias ni mejoren las condiciones laborales, la importación de facultativos sin MIR seguirá siendo la solución de facto. Con todos los riesgos que conlleva.
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